021  noviembre 2006

poder, sujeción, subjetividad y sumisión  Enrique Puente Gallangos
conspiración Tehuantepec  Carlos Antonio Villa Guzmán
¿tenemos la televisión que nos merecemos?  II/II  Noe García Gómez
Argentina mágica y misteriosa  Luis Buero
buenos vecinos  Luis Buero
ciudad de iglesias  Donald Barthelme, traducción de José Luis Justes Amador
 

poder, sujeción, subjetividad y sumisión

Enrique Puente Gallangos

 

 

 

 

Enrique Puente Gallangos es Maestro en Derecho Constitucional y estudia la Maestría en Psicoanálisis, es además catedrático de la Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca y de la Universidad Regional del Sureste

Bajo el rostro sagrado lo que los hombres adoran sin saberlo es la sociedad..... en periodos de exaltación social los grupos producen los dioses que les son necesarios y los transfiguran.

E. Durkheim

 

 

Intentar hablar del Poder es una cuestión que podríamos plantear desde diferentes lentes como la Filosofía, la Ética, la Política, la Sociología, el Derecho y, por qué no, también el Psicoanálisis.

 

Es por ello que propongo ahora que como punto en común entre el Poder y sus ramas de estudio pongamos al SUJETO, el sujeto a otro por control y dependencia y sujeto como constreñido a su propia identidad, a la conciencia y a su propio auto-conocimiento. Ambos significados sugieren una forma de poder que sojuzga y constituye al sujeto.

 

La problemática del poder, no sólo configura una cuestión teórica, sino que es parte de nuestras experiencias, la presunción que la problemática del poder ha emergido apenas en el siglo XX; es algo que resulta no verdadero, ya que desde que tenemos memoria, y no hace mucho, el poder trae problemas. Me referiré a dos experiencias patológicas de estas experiencias, a aquellas dos enfermedades del poder, el fascismo y el estalinismo, a pesar de su propia locura interna, se valieron de ideas y mecanismos de nuestra racionalidad política.

 

Los significados de sujetos que planteamos aquí (el sujeto a otro por control y dependencia y sujeto como constreñido a su propia identidad) ambos significados sugieren una forma de poder que sojuzga y constituye al sujeto. Generalmente podemos decir que existen tres luchas contra las formas de dominación (étnicas, sociales y religiosas), contra formas de explotación que separan a los individuos de aquello que ellos mismos producen, o contra aquello que ata al individuo a sí mismo y los subsume a otros de esta forma (luchas contra la sujeción, contra formas de subjetividad y sumisión).

 

Entonces podemos ubicar el poder en El Padre, La Madre, El Tío, Los Dioses, Dios, El Rey y El Estado; esto es en quien ejerza esa función simbólica que esta ahí pero que no se ve, pero sujeta a nuestro sujeto. Por dar un ejemplo: la problemática política, ética, social y filosófica de nuestros días no es tratar de liberar al sujeto del Estado y las Instituciones del Estado, sino liberarnos de ambas, del Estado y del tipo de individualización que está ligada a éste; debemos promover nuevas formas de subjetividad a través del rechazo de este tipo de individualidad que nos ha sido impuesta durante siglos.

 

Gobernar es estructurar el posible campo de acción de los otros, cuando definimos el ejercicio del poder como un modo de acción sobre las acciones como el gobierno de los hombres por otros hombres tenemos que incluir un elemento importante: la Libertad. Por lo que decimos que el Poder sólo se ejerce sobre sujetos libres, y sólo ellos sean libres.

 

Si es verdad que el centro de las relaciones de poder y como una condición permanentemente en su existencia hay una insubordinación y una cierta obstinación esencial de parte de los principios de la realidad, no hay entonces relación de poder sin los medios de escapatoria o fuga posibles. Una relación de poder implica una estrategia de lucha en las cual las fuerzas no se vuelven confusas. Cumplimiento y lucha son cuestiones que están dentro de toda dialéctica del poder. Dicho en otras palabras: ejercicio de poder y resistencias al ejercicio del poder.

 

Es pues el poder un ejercicio, el cual interesa cómo es ejercido, su funcionamiento, cómo ejerce el poder el padre sobre el hijo, el patrón sobre el trabajador, el médico sobre el paciente, el maestro frente al alumno, el gobernante frente al gobernado, el poder es entonces todo aquello que pulsa las relaciones que las mueve que las hace y las determina y porque no las destruye.

 

Estas relaciones como lo señalo pueden terminar precisamente por el exceso o falta de pulsión en una relación, digámoslo así. Cuanto menos se necesite algo o cuanto menos se note el accionar de alguien, tanto mejor; si el padre, un patrón, el Presidente, el gobernador, etc., se hace notar cuando está mandando, algo en la organización no está funcionando adecuadamente. Esto es, el Poderoso cree que puede controlar la situación sin ayuda de nadie, mucho menos a los más débiles, para establecer alianzas con otros; y el que no tiene poder cree que debe estar agradecido por cualquier limosna que le tiren, no reconoce que puede aumentar su poder haciendo alianzas con otros. La víctima del abuso del poder puede obedecer, pero lo hará con enojo y no va a reconocer la legitimidad de la autoridad, reaccionando con hostilidad. El que manda de esta forma, también es una víctima de la misma situación, porque ve en los demás riesgos y peligros, insuficiencias y defectos, tampoco es confiable para sus subordinados, pierde el contacto con ellos, por lo tanto pierde la posibilidad de estar al frente de ellos.

 

Es por ello que los sujetos tenemos que presentar “resistencia” ante el fascista, entendida la resistencia como la respuesta de los sujetos al mal ejercicio del poder sobre sus cuerpos, afectos y afecciones, actos y acciones, la resistencia es parte constitutiva de las relaciones del poder. Legítimas o ilegítimas, legales o ilegales, las resistencias ante el abuso del poder muestran un ejercicio de la libertad, grito de descontento y eso no lo puede negar nadie aunque ese nadie sea legal pero no legitimado por los sujetos.

 

La lucha de los sujetos (maestros y pueblo) en el Estado de Oaxaca es una muestra real del mal ejercicio del poder (gobierno) y además es una muestra legítima de la resistencia social. Estas palabras están especialmente dirigidas a quienes quieren construir una nueva subjetividad en el Estado de Oaxaca.

 

Hoy los sujetos refutan las formas en que ha sido modelada su subjetividad. Refutan las técnicas aplicables sobre sí, el trabajo impuesto por la cultura para hacer de ellos sujetos en el doble sentido de la palabra: sujetado a otro y sujetados a sí mismos.

 

 

conspiración Tehuantepec

Carlos Antonio Villa Guzmán

 

 

 

Carlos Antonio Villa Guzmán es estudiante de la Maestría en Comunicación de la Ciencia y la Cultura en el ITESO, es además director y conductor del programa de radio “A ciencia cierta”

En momentos de agudización de problemas sociales y crisis políticas como la que vivimos en estos días, es necesario mirar de frente la historia y hacer nuevamente las preguntas que no han sido del todo resueltas y contienen aún mucho material que nos puede servir para descifrar el entramado que se encuentra detrás de los conflictos y que no nos permite ver hacia el fondo, tratándose éste de esconder y disimular por los sucesivos poderes que se han servido de México en lugar de servirle. ¿Qué hay detrás de los puntos medulares de los tratados comerciales de América del Norte y qué similitud guardan en su lógica con los mitificados acuerdos llamados de Bucareli, signados durante el gobierno de Álvaro Obregón? Para nadie es un secreto aquél siniestro “pacto de la embajada” que desencadenó la usurpación de Huerta y el crimen de Madero: todo perfectamente documentado y verídico. Estados Unidos una vez más irrumpió en la vida política de México y no tan sólo provocó la caída y muerte de un líder revolucionario sino que hundió a la nación en una guerra civil de consecuencias terribles en pérdidas humanas y materiales cuya recuperación significó grandes endeudamientos y pactos penosos. Nos vendieron la paz a cambio de una desastrosa dependencia económica y tecnológica que en gran medida ha costado el desarrollo, entre otras calamidades como el atraso sociocultural que padece la población y la precariedad económica del Estado. En gran medida los problemas derivaron de la posesión y explotación del petróleo. El narrador y ensayista, Francisco Martín Moreno, en su obra “México Negro”, documenta perfectamente estos acontecimientos que le dieron un giro decisivo a la historia de México. Lo que aconteció entre 1901 y 1941 trazó el rumbo del país hasta nuestros días y todo a favor de los veleidosos estadounidenses. Aparecen registrados en este lapso los crímenes y las expropiaciones de tierras en la “Faja de Oro” de las Huastecas, al igual que las conversaciones y acuerdos del embajador Lane Wilson con Victoriano Huerta, para hacerse del poder desconociendo a Francisco I. Madero, quien fuera asesinado salvajemente como sucedió con su hermano Gustavo. Toda una trama abusiva para extraer la riqueza sin obstáculos y con la venia de los cómplices de la época.

 

A casi un siglo de distancia nuevamente nos mueven vientos de cambio revolucionario y no tan sólo las estructuras institucionales muestran agotamiento al igual que las viejas prácticas del ejercicio del poder, sino que una vez más el gobierno de Estados Unidos aparece en la escena y no precisamente como extra, sino con el papel estelar. Siempre ha estado ahí, indudablemente; como “socio”, cliente, proveedor, espía y hasta tutor político. Desafortunadamente también e invariablemente, ha dominado el terreno como fuerza que es el llamado “imperio americano”. No se está exento de su determinismo en todos los renglones bilaterales, tanto en lo comercial, como en lo político e ideológico, hasta en lo moral y no se diga en lo cultural. La influencia es enorme y los estudios no cejan en tratar de descifrar toda esta interrelación con diversos enfoques: desde Octavio Paz, pasando por Alan Riding, los actuales investigadores de los Colegios de ambas fronteras y por supuesto las áreas de universidades de las dos naciones que aplican estudios sociales.

 

No es exagerado decir que la historia de México, durante casi doscientos años, ha estado ligada en forma dependiente, incluso sumisa, al poderío y expansionismo del país que es vecino en el norte.

 

Hoy no puede ser de otra manera, incluso la presión se ha intensificado al grado de operar ellos la decisión política más importante del país que es la sucesión presidencial. Ahora no es imprescindible que los embajadores hagan largas estadías en nuestro territorio para afianzar acuerdos, sino que los ex presidentes como Ernesto Zedillo y Carlos Salinas, despachan en sendas oficinas en los centros financieros de allá, del norte, como decimos los de aquí. No es una ocurrencia popular llamarles gerentes en lugar de presidentes, es la realidad. El control hacia México se ejecuta vía la presidencia  de la república y ya ni siquiera es necesaria la carrera política sino que basta con haber dirigido la sucursal de una trasnacional como la Coca Cola.

 

México vive un pre estallido social que puede ser de grandes consecuencias. Estados Unidos lo instiga como gran beneficiario. Ésa es la tesis que sostengo a partir del análisis documental y en base a la observación del desenvolvimiento de los acontecimientos actuales. Estados Unidos pretende el control absoluto del paso interoceánico en el Istmo de Tehuantepec y  crear una “zona de seguridad” en la región. El desmantelamiento del artículo 27 Constitucional llevado a efecto por Salinas ya apuntaba en esa orientación: se negoció el paso y únicamente falta la crisis social y política para consumarlo en hechos. De Chiapas se pasó a Oaxaca y en breve veremos el sur completo sumergido en esta vorágine planificada. Ahora vamos a tratar de responder: ¿Por qué?

 

La que pudiéramos llamar “conspiración” de Tehuantepec”, es un plan que implica antecedentes políticos y una evolución histórica que es posible que tenga una vinculación muy directa con lo que se vive en el país en estos días; inestabilidad que en breve pudiera desembocar en ingobernabilidad.

 

Trataré de explicar en unas líneas lo que he documentado durante aproximadamente  ocho años respecto a este asunto geopolítico:

 

La parte angosta de la República Mexicana, lo que llamamos Istmo de Tehuantepec, es una región sumamente estratégica en términos de riquezas naturales, recursos (petróleo, uranio, etc.) y además la posibilidad de rutas comerciales entre el norte y el sur del continente, así como entre ambos océanos (Pacífico y Atlántico) que divide dicha zona ístmica. Un paso interoceánico ha sido concebido y discutido por los gobiernos de México y EU, desde la época de Benito Juárez.

 

En algún momento los vecinos norteños exigieron el libre paso a través del istmo (afortunadamente no se dio esta situación) y se llegó a construir un ferrocarril cuando gobernaba Porfirio Díaz. El Ferrocarril interoceánico, cuyo tendido de vías aún perdura.

 

Al finalizar el siglo XIX, fue traído por el gobierno francés monsieur Lesceps (el contratista del Canal de Suez) quien sugirió el lugar idóneo para la realización del canal: el Istmo de Tehuantepec; sin embargo, las condiciones sociales del país no estaban como para ceder el paso a los franceses y estadounidenses y éstos últimos buscaron otra alternativa, Colombia, en una parte muy angosta y con abundantes recursos hidrológicos, Panamá, entonces departamento colombiano.

 

La previsible negativa de los colombianos generó una guerra que se conoce como la “Guerra de los mil días” y en ella murieron alrededor de noventa mil colombianos. Finalmente fue cercenada esta parte del país y los estadounidenses inventaron Panamá para construir el canal.

 

Fue hasta 1908 cuando el congreso de Colombia, mediante una cierta cantidad de dólares (80 mil), reconoce la independencia de esta nueva república latinoamericana. Cuatro años antes se había inaugurado el canal y hasta 1999, fue cruzado por alrededor de 700 mil navíos de todos los calados y procedencias.

 

La importancia que tuvo el canal comercial y militarmente durante un siglo está fuera de toda duda. Sin embargo, esta compleja obra de ingeniería hidráulica que continúa brindando un gran servicio al ser la única posibilidad de paso interoceánico (además del Estrecho de Magallanes), fue “devuelta” a los panameños el 31 de diciembre de 1999 en una ceremonia pomposa y al mismo tiempo discreta. Años antes hubo situaciones como los “acuerdos Torrijos- Carter”, las invasiónes de Granada y Colón, las protestas y brutales represiones estudiantiles, las bases militares en las islas panameñas, el secuestro y encarcelamiento de Noriega cuando ya no les fue útil, entre otros conflictos que se han suscitado en este escenario.

 

Por esas fechas (enero del 2000) el Discovery Chanel presentó un reportaje sobre la intensa actividad de Panamá gracias al canal. En ese programa pudimos apreciar, aparte de la historia y las condiciones actuales de dicha ruta, cómo los nuevos navíos ya no pasan tan fácilmente debido al enorme calado que tienen. Esos gigantescos buques que llevan miles de contenedores y que cada vez se construyen más grandes, requieren otra alternativa.

 

Un buque insignia de la marina norteamericana, construido durante la Segunda Guerra Mundial, regresó a su base en California y libró con apenas 30 cmts. en cada costado de su enorme casco. Se requirieron 15 prácticos para la maniobra de cruzar por el canal. Son otros tiempos y los días del Canal de Panamá como única vía interoceánica, se han reducido considerablemente.

 

Las grandes transnacionales y los gobiernos de Estados Unidos y España, principalmente, voltean nuevamente hacia México, específicamente hacia Tehuantepec.

Este lugar ofrece condiciones idóneas para abrir, no ya un canal como ruta navegable, sino que existe un megaproyecto que contempla la construcción de una doble vía de ferrocarril y varias autopistas para conectar los puertos de Coatzacoalcos, Veracruz y Salina Cruz, Oaxaca, y entre ellos una conexión hacia el norte y hacia el sur de América. Este nuevo plan se dio a conocer en el presente sexenio con el nombre de: Plan Puebla Panamá.

 

En el tiempo que tengo recopilando información he conseguido, entre algunos otros textos, dos libros que me proporcionaron información muy puntual al respecto. El primero de ellos fue editado en 1973 con el título de El codiciado Istmo de Tehuantepec. El autor es Manuel González Ramírez (editado por la Secretaría de Obras y Servicios del DF, Colección Metropolitana). En esta obra el autor da cuenta de los tratados históricos, las intervenciones y maniobras políticas, sobretodo estadounidenses, entre otras artimañas planeadas con este fin.

 

El otro libro lo adquirí durante un reciente viaje a la zona del istmo. Se titula El Plan Puebla Panamá en el Istmo de Tehuatepec. Los autores son Guillermo Almería y Rebeca Alfonso Romero. La 1ª. Edición es de 2004, pertenece a la colección Pensamiento Propio que editó la Universidad de la Ciudad de México y el Gobierno del Distrito Federal. Se trata de una investigación que recopila información precisa de los aspectos técnicos y económicos de dicho plan, así como la respuesta de las comunidades, entre otros factores en pro y en contra del proyecto. El trabajo da cuenta de todos los aspectos socio políticos, los intereses económicos, tanto privados como comunitarios y los puntos finos de la transformación sociocultural de la zona ante el empuje del Plan Puebla Panamá como eje industrial y comercial de índole global.

 

Pude comprobar con estos libros y con el viaje, que todo lo que había supuesto a partir de las lecturas y de observar el curso de la política en México, junto con el fenómeno social del neoliberalismo, está a la vista.

 

Las autopistas ahí se encuentran y el artículo 27 constitucional fue modificado por Carlos Salinas para facilitar la reconversión de esta zona geográfica (es el artículo de la tenencia y uso de la tierra). Todo está corroborado y consignado en los libros que menciono y con ello también respaldo mi hipótesis.

 

Pudiera abundar mucho más en una gran cantidad de detalles como lo es la energía eólica que ofrece esta “cintura” del país, convirtiendo la zona en un lugar privilegiado para aprovechar las potentes y constantes corrientes de aire que cruzan de uno a otro océano específicamente en un área cercana a un lugar que se conoce como “La ventosa”. Ya se comenzaron a instalar los primeros generadores eólicos con los que se pretende alimentar de energía a las industrias que se posicionen y comiencen a invertir.

 

Considero que no debe ser visto de forma negativa el progreso siempre y cuando el país se vea beneficiado directamente del mismo. Al decir “el país”, me refiero a la gente de toda condición que pueda recibir dicho beneficio traducido en servicios y oportunidades de desarrollo, al igual que una mejoría sustancial en la calidad de vida.

 

El problema surge cuando los beneficiarios son capitales privados que pretenden apropiarse de estos recursos y en este caso dichos inversores pudieran ser extranjeros. De hecho son compañías españolas y estadounidenses las que hasta ahora han intervenido.

 

Hasta el momento existe una decidida resistencia por parte de las agrupaciones civiles, comisariados y otras representaciones populares, para que se lleve a cabo este plan concebido desde la óptica global y sobretodo neoliberal.

 

Además las condiciones económicas recesivas en E.U., han impedido mayores flujos de capital hacia la zona a través de los organismos financieros que acostumbran endeudar a los países en desarrollo.

 

Pero no debemos descartar que llegará el momento en que el hilo se rompa y sea inminente la apropiación del Istmo. Para ello es necesario una crisis mayor aún que las que hemos vivido recientemente, para que, ahí está la historia que lo registra, negociemos en condiciones desfavorables y dejemos para el otro las ventajas de los acuerdos.

 

Estas fechas me recuerdan mucho a los años anteriores e inmediatamente posteriores a 1910 cuando el petróleo se convirtió en el detonante de la guerra revolucionaria tras el crimen de Madero. Enseguida vinieron los “Acuerdos de Bucareli” con el gobierno obregonista y no hemos dejado de ser de alguna manera sometidos a los intereses yankis, por medio de créditos impagables, acuerdos internacionales de libre comercio, entre otras medidas bastante difíciles para la vida de un ciudadano que vive de un salario y absolutamente cruentas y despiadadas para los millones que ni siquiera salario tienen.

 

Volviendo al motivo de la presente consideración, quisiera mencionar un artículo de Walter Goobar titulado “Confesiones de un golpeador económico”, en el que habla de un libro escrito por un tal John Perkins, quien por muchos años trabajó al servicio del gobierno de Estados Unidos para introducirse a países pobres y mediante indicadores económicos falsos y otras truculencias, lograba involucrarlos en créditos imposibles de pagar. Con ello se desestabilizaban las respectivas economías, por lo que se recurría a métodos de cobranza bastante extremos. El autor narra que Indira Gandhi fue visitada por un representante de EU, quien le llevó un mensaje de que 70 inversionistas estadounidenses, con contratos de inversión de 30 mil millones de dólares viajarían a Nueva Delhi en cuestión de horas si ella aceptaba un crédito por la misma cifra del FMI. Gandhi recibió al representante en su despacho del parlamento, pero rechazó la oferta con el argumento de que con dificultades acababa de pagar un empréstito de dos mil millones de dólares y no veía cómo aceptar este “negocio”. Según un alto funcionario, ella pagó con su vida este rechazo.

 

Así actúan estos monstruos del dinero. Por eso no dudo que una crisis que se agudice con elementos explosivos tales como el crimen organizado y el no organizado, la corrupción desmedida en los distintos niveles de gobierno, la inoperancia del Estado, etc., viene a la medida para consumar sus aviesos planes.

 

Por tales motivos quisiera proponer que sea debatido éste y otros temas relacionados, para tratar de profundizar un poco más en la problemática bajo distintos enfoques.

 

Más que nunca debemos informarnos sobre lo que tramó y negoció el dizque gobierno del cambio como continuidad de los inmediatos anteriores.

 

Las señales son múltiples, lo que sucede en el sureste y en Oaxaca no es espontáneo. Y por último, lo que se ha dado a conocer a nivel de escándalo en la persona que encarna nada más y nada menos que la máxima autoridad católica del país, contiene los mismos elementos desestabilizadores que obedecen a un plan maestro. No trataré por ningún motivo de justificar y mucho menos librar con mis comentarios al clero de su enorme responsabilidad jurídica y moral, sino ver el asunto en el mismo contexto, es decir, la insidia para poner en la crisis otros elementos que justamente se basan en la división de juicios y opiniones, en este caso la conducta de los prelados y con ello la merma de la fe institucional. Eduardo Galeano había advertido sobre esta clase de dominación a través de las conciencias. ¿A qué exactamente se refirió el cardenal Sandoval cuando responde a los señalamientos de encubrimiento a su correligionario y obispo “primado” de México, al decir que se trata de una intromisión del imperio? ¿Contará con alguna información que le haga señalar a todo el “imperio” norteamericano como causante del “chantaje” (desde su perspectiva) en contra de la autoridad eclesiástica mexicana? ¿De verdad cree que la cúpula del gobierno de los EU desea acabar con la imagen de Rivera Carrera? O, ¿sabe algo más? ¿Estará tan bien informado que piensa que algunos enemigos encontraron un pretexto para agudizar la crisis en México vía la iglesia pero por el lado del desprestigio ético?

 

Me extendí un poquito, pero me pareció muy importante dar algunos datos para ayudarnos a entender lo que sucede y no ser únicamente “fichas” del tablero que “alguien” mueve y ni sabemos quién, cómo, ni para qué.

 

 

¿tenemos la televisión que nos merecemos?

II/II

Noe García Gómez

 

 

Noe García Gómez es Licenciado en Ciencias Políticas y Administración Pública por la Universidad Autónoma de Aguascalientes; es Presidente de la Secretaría de Asuntos Juveniles del PRD en Aguascalientes

 

 

Prendes la televisión, miras unos segundos: nada. Cambias de canal con y que en estos casos se convierte en una bendiciónel control remoto, picas y picas y pasan y pasan canales porque no hay nada.

 

Las barras programáticas de Televisa y TV Azteca están agotadas, no se cansan de reciclar sus mismas fórmulas. Pero te encuentras con que el público a la larga, se conforman con la estupidez y la enajenación, con la monotonía y lo soso y que estas repetidas y aburridas fórmulas hacen que optes por — otra que se convierte en una bendición la televisión por cable.

 

En el duopolio sólo ves: en la mañana, noticieros tendenciosos y pedantes; mediodía, infomeciales de 2 horas o programas de “variedades” que son otro tipo de informerciales pero con secciones; tarde, telenovelas que tienen 30 años cuando menos de repetir la fórmula de la pobre niña que le hace la vida imposible la antagonista y al final se queda con el ser amado, claro que varían para los jóvenes, es lo mismo pero en grupal; noche, más telenovelas, pero con un toque de glamour, ya que es el “horario estelar”; fines de semana, reciclar películas del cine mexicano que ya hasta de memoria te las sabespero a falta de opciones, las vuelves a ver; para los niños, caricaturas compradas en Japón, donde su máxima es resaltar la violencia, o las norteamericanas, resaltar la “bobees”.

 

Y cito a Jorge Moch columnista de la Jornada: “¿por qué hacer mala televisión si se tienen recursos, capacidad y experiencia para hacer buenoso no tan malos programas como los que mencioné antes? En una respuesta al menos parcial se radica el cogollo de toda la cuestión de las motivaciones en la producción de programas de televisión en México. ¿Dinero? ¿Apatía? ¿Estulticia pura? ¿Puras ganas de joder al prójimo?” Yo respondería en parte, pues porque no les exigimos calidad, ni para nosotros ni para nuestros niños y no sólo nosotros como sociedad, ni siquiera las autoridades; no regulan la calidad de contenidos, y es imposible esperar de ellos mismos el duopolio televisivoque traten de elevar la curiosidad intelectual, la cultura, el arte, el entretenimiento de calidad; ¿cómo, si tienen a nuestro pueblo aletargado con sus dosis programadas de estupidez e ignorancia con proyecciones administradas día a día por esos mismos organismos megalíticos? Y nuevamente Jorge Moch: “vasos comunicantes del ostracismo y la apatía tan nuestros, las televisoras”.

 

Otro ejemplo de emotividad son las colectas de fondos, como el Teletón, que no nos hemos dado cuenta que con estos programas de filantropía disfrazada los que más ganan son las grandes empresas dueñas de todo (Bimbo, Telmex, Coca cola, Banamex, Televisa) que realizan un mega anuncio de 24 horas donde promocionan sus marcas y con un concepto excelentemente vendible, “el sentimentalismo”, “el corazón” nos dicen “mírenos somos buenos, somos sensibles a los problemas de nuestros niños”, lo que no nos dicen es que ese dinero que aportan el 100% se los regresarán en impuestos, de nuestros impuestos y publicidad gratuita e imagen para las empresas. Entiéndaseme: qué bueno que se promueva la rehabilitación física de los que menos tienen, que se atiendan a nuestros niños, ¡pero no que se lucre con eso! O al menos a mí me ofende ¿Qué no estas empresas tienen muchísimo dinero? ¿Entonces para qué piden dinero a la gente? ¿Por qué no nos dicen que sus donaciones se las rembolsarán y que obtendrán todos esos espacios de publicidad gratis?

 

En conclusión y para terminar este artículo de dos capítulos:

 

Las televisoras nos dan con su programación una constate idiotización; con sus noticieros, una lavada de cerebro; con los teletones, una dosis de filantropía perfumada y con sus editoriales nos resetean la memoria.

 

Termino con la pregunta inicial: ¿tenemos la televisión que merecemos?

 

 

Opínenle: honoerato@hotmail.com

 

 

Argentina mágica y misteriosa

Luis Buero

 

 

 

 

Luis Buero es guionista, periodista y psicólogo social.  Colabora para el cafecito desde Argentina.

Visita su sitio:  www.luisbuero.com.ar

Desde que tengo memoria he visto gente persignarse si se les cruza un gato negro, escaparle a pasar debajo de una escalera, revolear sal para atrás para hacer desaparecer las verrugas, y gritar que les han hecho un mal de ojo cuando tienen una cefalea horripilante. Son los mismos que cruzan los dedos ante un cortejo fúnebre, se quiere matar si rompen un espejo, te aconsejan llevar una cintita roja en la muñeca contra la envidia, y no salir de casa los días 13, en especial si son martes. De tiempos remotos nos llegan creencias ancestrales sobre el espíritu benéfico que habita en los árboles (¡toco madera!), y nos previenen que abrir una sombrilla o un paraguas dentro de una casa es un terrible sacrilegio. Para peor, a la lista de supersticiones, leyendas urbanas y yetas populares se suman las propias de cada profesión. Los actores evitan el amarillo si tienen un estreno, y gritan “¡mucha merde!” y no ¡buena suerte!, recordando sin saberlo a aquel teatro francés de siglos pasados en el que los espectadores llegaban en caballos y carretas, y si el espectáculo era un éxito el suelo quedaba más que abonado por los bollitos equinos. Los capitanes de ultramar aconsejan no contar nunca los escalones al subir y bajar en los distintos niveles de la cubierta del barco, ni llevar plantas de batata a bordo. Los marineros deben subir por estribor, poniendo siempre primero el pie derecho al ascender. Las bailarinas clásicas se desean un “que te rompas una pierna”, y los deportistas se inventan una cábala antes de cada encuentro.

 

Sí, fuimos criados para vivir en el marco de lo práctico y urgente, y la filosofía de Descartes (pienso, luego existo) tiñó toda nuestra educación.  Sin embargo nuestra capacidad (léase necesidad) de creer en lo mágico y lo misterioso nunca se agota. Y en la querida Argentina la superstición goza de buena salud, ya que nuestra mente es aficionada a extraer causas de las casualidades, y si mañana a alguien se le ocurriera rumorear que el azul es color de mala suerte,  hasta los policías se vestirán de naranja.

 

Pero todas las supercherías del mundo se agotan en tres deseos: salud, dinero y amor. El bicho humano desconfía de lo que le puede deparar el destino, y nuestro inconsciente vernáculo, que desciende de la paciencia desafortunada de los indígenas, y del desarraigo melancólico de los inmigrantes, no es proclive al optimismo. Por el contrario, llevamos el tango en los ovarios.

 

Entonces, ¿qué mejor ansiolítico que una buena pata de conejo en el bolsillo? Todo intento de exorcizar la incertidumbre y la falta de confianza en nosotros mismos vale. Por eso les aseguro que si fotocopian esta nota y se la envían a siete amigos por correo ya mismo, en cuatro días recibirán un dinero impensado, tendrán excelente salud en el año que corre, y espantarán para siempre la soledad. Eso sí, ojo, no se les ocurra cortar esta cadena.

 

 

buenos vecinos

Luis Buero

 

 

 

 

Luis Buero es guionista, periodista y psicólogo social.  Colabora para el cafecito desde Argentina.

Visita su sitio:  www.luisbuero.com.ar

 

 

Yo  vivía en un barrio de casas, hasta que un día fui a parar a uno de esos rascacielos que mi abuela solía llamar conventillos de lujo.

 

Mi primer destino fue una planta baja, que elegí porque tenía un patiecito con macetas que me recordaba que yo era parte de la naturaleza. Todo en ese moderno edificio era “inteligente”... menos los vecinos. Les costará creerlo, pero cada mañana tenía que juntar con bolsa y pala todos los recuerdos que me tiraban desde los pisos superiores. Como detective involuntario sabía si el del sexto “D” se había protegido antes de tener sexo la noche anterior, o si el del quinto “J” había sorprendido una laucha comiéndose su queso, y también si la del noveno “A” estaba en esos días”.  Sí, lo que leen, no os horroricéis.

 

Urgente me mudé a un edificio más pequeño, de dos unidades por planta, y compré el primero “A”, sin saber que en el primero “B” se acababa de instalar un joven al que sus amigotes apodaban el drogaman”. Yo me preguntaba el porqué del seudónimo, hasta que empezó a picarme la nariz y la garganta cada vez que entraba y salía de mi  departamento. De las hendijas de su puerta fluía una neblina que se transformaba en una nube de formas imprecisas, cuyo aroma ácido se mezclaba con el de los olores de las bolsas de residuos que depositaba en el pasillo a toda hora.

 

Me quejé sin éxito con el administrador hasta que finalmente, al terminarse su contrato, el fumador de hierbas dejó su humeante vivienda a una nueva inquilina, una abuelita enternecedora, con un solo defecto llamado Pichi. Pichi era un doberman desdichado de seis meses de edad que aullaba veinticuatro horas seguidas de lunes a domingo, ya que la  viejecilla era dueña de un geriátrico y se pasaba todo el día controlando su funcionamiento, dejando solito al pobre can. Ya olvidado del significado de la palabra dormir,  permuté mi tres ambientes por otro en el penúltimo piso, sobre el cual vino a vivir una pareja de recién casados. Todo era nuevo para ellos... menos la cama, porque sus resortes y golpeteos chillaban una y otra vez sobre las medianeras en cuanta oportunidad los tortolitos homenajeaban su amor, siempre de madrugada y sin darse respiro.

 

Huí pues, de ese edificio, y comencé a transitar diferentes unidades en propiedad horizontal encontrándome con solos de batería, alaridos inhumanos, batir de puertas, movimientos constantes de muebles, llantos inacabables de recién nacidos, loros y gallos madrugadores, teléfonos y equipos de audio de sonido estereofónico a todo volumen, y orgasmos cantados por sopranos y tenores de ópera. Descubrí que los habitantes de un consorcio construyen individuocracias que quiebran a diario la experiencia comunitaria que ellos mismos han creado. Y recordé que la libertad de cada  uno termina donde empieza la de los demás. Eso lo decía mi profe de Cívica, que ya, como el respeto, falleció hace tiempo. Mucho tiempo.

 

 

ciudad de iglesias

Donald Barthelme, traducción de José Luis Justes Amador

 

 

 

José Luis Justes Amador es escritor y traductor

 

“Sí”, dijo el señor Phillips, “la nuestra es una ciudad de iglesias”. Cecelia asintió con la cabeza y siguió con la vista la mano de él que señalaba toda la calle. Ambas aceras estaban alineadas sólidamente con iglesias que estaban, con variedad de estilos arquitectónicos, apoyadas hombro con hombro. La Baptista Bethel se erguía junto a la Baptista Libre del Santo Mesías, la episcopaliana de San Pablo junto a la evangélica del Pacto de Gracia. Después estaba la primera de la Ciencia Cristiana, la Iglesia de Dios, Todas las Almas, Nuestra Señora de la Victoria, la Sociedad de Amigos, la Asamblea de Dios y la iglesia de los Santos Apóstoles. Las agujas y los contrafuertes de los edificios tradicionales se amontonaban junto a los anchos vuelos imaginativos de los diseños contemporáneos. “Aquí todos están bastante interesados en los asuntos de la iglesia”, dijo el señor Phillips.

 

Cecelia se preguntaba si sería capaz de encajar. Ella había llegado a Prester para abrir una sucursal de un negocio de renta de automóviles.

 

“No soy especialmente religiosa”, le dijo al señor Phillips, que se dedicaba a los bienes raíces.

 

“No por ahora”, respondió.

 

“No todavía. Pero tenemos unos cuantos jóvenes interesantes por aquí. Se integrará en la comunidad muy pronto. El problema más inmediato es dónde vivir. Mucha gente”, dijo, “vive en la iglesia de su elección. Todas nuestras iglesias tienen habitaciones de sobra. Tengo unos cuantos apartamentos que puedo mostrarle. ¿Cuánto tiene previsto gastarse?”

 

Dieron la vuelta a la esquina y se encontraron con más iglesias. Pasaron San Lucas, la iglesia de la Epifanía, la ortodoxa ucraniana de Todos los Santos, san Clemente, la fuente Baptista, la Congregacional Unitaria, San Anargiri, el templo Emmanuel, la primera iglesia de Cristo Reformada.

 

Las bocas de todas las iglesias se abrían. Adentro, apenas podían distinguirse las luces. “Y así seguimos y seguimos”, dijo Cecelia. “¿Tienen algún edificio que no sea una iglesia?” “Ninguno”, dijo el señor Phillips. “Por supuesto, bastantes de nuestra mejores iglesias también funcionan como otra cosa”. Señaló una hermosa fachada georgiana. “Esa”, dijo, “alberga la Metodista Unida y la secretaría de educación. La que está junto a ella, que es la Pentecostal de Antioquia, tiene la peluquería”.

 

Era verdad. Un signo de barbero, de rayas rojas y blancas estaba anexado, sin disimulo, a la fachada de la Pentecostal de Antioquia. “¿Cuánta gente renta automóviles aquí?” preguntó Cecelia. “O, ¿cuántos lo harían si tuvieran un lugar donde hacerlo?” “Realmente no lo sé”, dijo el señor Phillips.

 

“Rentar un carro implica que quieres ir a algún lado. Mucha gente está contenta aquí. Tenemos un montón de actividades. No creo que yo eligiera el negocio de la renta de automóviles si intentara empezar en Prester. Pero usted lo hará bien”. Le mostró un edificio diminuto y extremadamente moderno con una fachada sobria de ladrillo, acero y cristal. “Esta es San Barnabás. Buena gente la de por aquí. Unas maravillosas cenas de spaghetti”. Cecelia podía ver bastantes cabezas mirando por la ventana. Pero cuando la vieron mirándolas fijamente, las cabezas desaparecieron.

 

“¿Cree que sea sano que haya tantas iglesias juntas en un solo lugar?” le preguntó a su guía. “No parece como muy organizado. Espero explicarme”.

 

“Somos famosos por nuestras iglesias”, replicó el señor Phillips. “Son inofensivas. Ahí vamos”.

 

Abrió una puerta y comenzaron a ascender peldaños y más peldaños  de escalones polvorientos. Al final de la ascensión entraron a una habitación de buen tamaño con ventanales en sus cuadros lados. Había una cama, una mesa y dos sillas, lámparas, una alfombra. Cuatro grandes campanas de bronce colgaban en el centro mismo de la habitación.

 

“¡Qué vista!” exclamó el señor Phillips. “Venga y mire”.

 

“¿Suenan estas campanas?” preguntó Cecelia.

 

“Tres veces al día”, dijo el señor Phillips sonriendo, “mañana, mediodía y noche. Por supuesto que cuando suenan tienes que estar bastante lejos. Si te pega una de estas en la cabeza es lo último que te pasa”.

 

“Dios mío”, dijo Cecelia sin querer. Y añadió, “nadie vive en los departamentos campanario. Por eso están vacíos”.

 

“¿Eso piensa?” dijo el señor Phillips.

 

“Sólo se los pueden rentar a los recién llegados a la ciudad”, dijo acusadora.

 

“Yo no haría eso”, dijo el señor Phillips. “Iría contra el espíritu de la amistad cristiana”.

 

“Esta ciudad es un poco extraña, ¿no?”

 

“Puede que lo sea, pero usted no es quien para decirlo. ¿O sí? Quiero decir, es una recién llegada. Debe ser cauta por un tiempo. Si no quiere un apartamento alto, tengo un sótano en la Presbiteriana Central. Tendrá que compartirlo. Hay dos mujeres viviendo ahí ahora”.

 

“No quiero compartir nada”, dijo Cecelia. “Quiero un lugar para mí sola”.

 

“¿Por qué?” preguntó con curiosidad el agente de bienes raíces. “¿Con qué propósito?”

 

“¿Propósito?” preguntó Cecelia. “No hay un propósito particular. Simplemente quiero…”

 

“Eso no es habitual aquí. Mucha gente comparte con otra gente. Maridos y esposas. Hijos y madres. La gente tiene compañeros de casa. Así se estila”.

 

“Aún así prefiero un lugar propio”.

 

“Muy extraño”.

 

“¿No tienen sitios así? Quiero decir, que no sean campanarios”.

 

“Supongo que hay unos cuantos”, dijo el señor Phillips con clara reluctancia. “Puedo enseñarle un par. Supongo”. Hizo una pausa. “Será que, quizá, tenemos valores diferentes a los de las comunidades vecinas”, explicó. “Se ha escrito mucho sobre nosotros. Tuvimos cuatro minutos en las noticias de la noche de CBS. Hace tres o cuatro años. ‘Una ciudad de iglesias’, así nos llamaron”.

 

“Sí, un lugar propio es esencial”, dijo Cecelia, “si quiero sobrevivir aquí”.

 

“Esa es una actitud divertida”, dijo el señor Phillips. “¿De qué denominación es usted?”

 

Cecelia estaba callada. La verdad es que no era de ninguna.

 

“Le pregunté de qué denominación es usted” repitió el señor Phillips.

 

“Puedo controlar mis sueños”, dijo Cecelia. “Puedo soñar lo que quiera. Si quiero soñar que estoy disfrutando de la vida, en París o en cualquier ciudad, todo lo que tengo que hacer es irme a dormir y ese sueño soñaré. Puedo soñar lo que quiera”.

 

“¿Sobre que sueña?”, dijo el señor Phillips dijo mirándola fijamente.

 

“Sobre cosas sexuales”, dijo ella. Ella no le tenía miedo.

 

“Prester no es ese tipo de ciudad”, dijo el señor Phillips mirando hacia otro lado.

 

Las puertas de las iglesias estaban abiertas a ambos lados de la calle. Pequeños grupos de gente salían y se quedaban ahí parados, a la entrada de las iglesias, mirando fijamente a Cecelia y al señor Phillips.

 

Un joven se adelantó y gritó “Todos en esta ciudad tienen automóvil. No hay nadie en esta ciudad que quiera un automóvil”.

 

“¿Es verdad?” le preguntó Cecelia al señor Phillips.

 

“Sí”, dijo. “Es verdad. Nadie rentaría un automóvil aquí. Ni en cien años”.

 

“Entonces no me quedaré. Me iré a otro lugar.”

 

“Debe quedarse”, dijo. “Hay ya una oficina de alquiler de automóviles para usted. En la Baptista de Mount Moriah, en el recibidor. Hay un mostrador y un teléfono y una tablita para las llaves. Y un calendario”.

 

“No me quedaré”, dijo ella. “No si no hay un motivo real de trabajo para quedarme”.

 

“La queremos”, dijo el señor Phillips. “Queremos que se quede detrás del mostrador de la agencia de alquiler de automóviles en horas de oficina. Así estará la ciudad completa”.

 

“No quiero”, dijo ella. “Yo, no”.

 

“Debe. Es esencial”.

 

“Soñaré”, dijo ella, “cosas que no les gustarán”.

 

“Estamos decepcionados”, dijo el señor Phillips, “terriblemente decepcionados. Algo está mal”.

 

“Soñaré con el Secreto”, dijo ella, “y se arrepentirán”.

 

“Somos como cualquier otra ciudad. Excepto que nosotros somos perfectos”, dijo él. “Nuestro descontento sólo puede ser obviado por la perfección. Necesitamos una mujer que rente automóviles. Alguien debe estar detrás de ese mostrador”.

 

“Soñaré esa vida a que tanto le temen”, amenazó Cecelia.

 

“Eres nuestra”, le dijo él agarrándola del brazo. “Nuestra mujer de renta de automóviles. Pórtate bien. No hay nada que puedas hacer”.

 

“Esperen y verán”, dijo Cecelia.