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papás de fin de semana Luis Buero
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Luis Buero es guionista, periodista y psicólogo social. Colabora para el cafecito desde Argentina. Visita su sitio: www.luisbuero.com.ar
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Cuando los padres se separan, es común que los nenes se queden a vivir con mamá. El papá se vuelve entonces una visita reglamentada, y mientras la sociedad murmura “algo habrá hecho”, él sufre en silencio y teme convertirse en el tío de sus propios hijos, por la falta de cotidianeidad en el vínculo. Todo eso, claro, cuando se los dejan ver.
En el imaginario popular y en los chismes a la hora del té, suelen ser los malos de la historia. Los que se fueron a comprar cigarrillos y nunca volvieron, los que huyeron tras las plumas de una corista, los que no pasan la cuota alimenticia y hay que perseguirlos con la justicia.
Y pocas veces aparecen en la misma novela los otros padres separados, los que les dejan todo a su mujer y siguen manteniendo a sus hijos. Sí, me refiero a aquellos que imaginan, conciben y acunan a sus críos, les hacen el desayuno a diario, compartieron con ellos el primer día de clase y el cuento de la hora de dormir, y de pronto cuando el matrimonio se disuelve se convierten en una visita en el hogar que construyeron, y quizás en un tío querido para sus hijos que tal vez pronto hasta tengan otra figura masculina como padre sustituto: la nueva pareja de mamá.
Ese papá de fin de semana siente que ayudó a construir un nido y luego lo tuvo que abandonar para siempre. Y nadie se ocupa de su sentir, porque se dice que los hombres no lloran, y tal vez sea mejor así, porque algunos están tan tristes que si lloraran todos juntos se produciría un tsumani. ¿No me creen? Vayamos al principio.
DE ÍDOLO A KELPER FILIAL
En las épocas de mi bisabuela, los hijos eran de la mujer, que debía parirlos y criarlos, mientras el padre trabajaba todo el día, y luego se iba a jugar al billar o al truco al bar con sus amigos, y cuando estaban presentes, sus críos los trataban de usted. En los años 60 y 70 comenzaron a enseñarle al hombre que cuando su esposa quedaba encinta ambos estaban embarazados, y que él era co-protagonista en todo este proceso, y después del nacimiento también, de por vida. Así fue que algunos varones tuvieron que hacer de tripas corazón y participar del parto ayudando a la futura mamá, y se animaron a cortar el cordón umbilical y a dar el primer bañito a sus bebés. Aprendieron a cambiar pañales, a preparar biberones y papillas y a consolar al lactante de noche, si se le ocurría llorar cada tres horas. Se animaron a susurrar el “arrorró mi nene” o despertarlos con aquella otra canción que decía que el gallo Pinto se durmió y esa mañana no cantó. En síntesis, se dieron cuenta que ese “trabajo” era un placer que se habían perdido de disfrutar durante generaciones, y que el concepto de masculinidad había dado una vuelta de página importante y ya era hora de cambiar para bien. Claro que también se estaba modificando el de feminidad, al mismo tiempo.
Así fue que este nuevo macho humano enamorado de sus hijos y de su función paterna, que había re-significado la palabra familia, y había cicatrizado tal vez sus heridas de la infancia, conoció una segunda y dramática lección: divorciarse de su pareja ya no era sólo romper el vínculo con una mujer, si no que debía enfrentar un dolor mucho mayor.
¿PAPÁ POR SIEMPRE?
Ningún film relata mejor (tal vez no haya otro) que Mrs. Doubtfire (Papá Por Siempre) el drama y el sentir de un hombre que al tener que irse del hogar familiar pues su esposa ya no lo ama más, no puede ya convivir con sus hijos, a los que adora. En la famosa película, Robin Williams interpreta al atribulado padre que al no resignarse a la imposibilidad de ver a sus niños de manera constante, y dado que el personaje es actor, llega al extremo de caracterizarse y hacerse pasar por una señora de edad mayor, de apellido Doubtfire, para convertirse en la niñera de sus propios hijos.
Y en la vida diaria, más allá de los pormenores y matices que rodean la separación de un matrimonio, es muy común que los hijos menores continúen bajo la custodia de la madre, a la que, salvo pruebas en contrario, la ley y la cultura popular la consideran automáticamente mejor progenitora que el varón.
“Un padre sabe, incluso antes de separarse que habrá mil momentos de la vida de sus hijos que ya no ha de presenciar ni compartir, y luego con el tiempo va notando sus bruscos cambios físicos, en la voz, cada semana o quincena, o cuando puede reencontrarse con ellos. Sus éxitos y sus anginas serán una anécdota contada, y uno siente que de a poco se convierte en una visita, en una especie de tío querido que de no estar presente a cada instante, teme quizás que hasta dejen de extrañarlo” comenta SANTIAGO, 53 años, docente porteño, separado desde hace diez, con dos hijos.
Las notas de actualidad sobre estos temas generalmente se dedican a describir la delicada situación en la que se encuentran los chicos, que deben adaptarse a una nueva realidad, o se enfocan en los derechos civiles de la mujer que pueden verse vulnerados si su pareja no le aporta los alimentos obligatorios por ley.
Pero en esta historia hay un tercero excluido, y su sufrimiento ninguna cámara lo enfoca.
SI QUERÉS LLORAR, LLORÁ
“No hay dudas que el vínculo se aleja, aunque sea muy bueno ese encuentro semanal, el vínculo se establece con la cotidianeidad” asegura ANDRÉS SÁNCHEZ BODAS, psicólogo clínico desde hace 33 años, docente universitario y creador de la carrera de Counseling (Consultor Psicológico) en el país. Y agrega:
“En nuestra sociedad la gente cree que la que más sufre es la mujer, o los hijos, y se olvida de que el hombre pierde el hogar, la continuidad, el estar presente mal o bien en la cotidianeidad, y en mi experiencia de terapeuta, los hombres lloran, están angustiados por tener que ver a sus hijos una vez por semana, en una especie de visita guiada de la que luego, si no tiene un lugar propio dónde alojarlos, debe devolverlos al domicilio de la madre. Es más, hay hombres que demoran la separación, o directamente no se separan, aunque convivan en condiciones deplorables de pareja, con 7 u 8 años sin vínculo sexual con su esposa, para sostener una relación en función de no perder la convivencia con los hijos”.
Por su parte, MARIA RUTH MURAIS, psicóloga gestáltica sistémica, con 20 años de experiencia hospitalaria, parece coincidir con su colega al contar:
“Yo los veo sufrir en el consultorio, han dejado sus muebles, su casa, sus olores, sus plantas, y se tuvieron que ir porque es así su historia, y todo eso produce duelo. Pero en la vida, ¿qué es duradero?” CUANDO EL PADRE NI SIQUIERA SE SIENTE TÍO
Cuenta Eduardo, de Villa Crespo, 3 hijos, empleado bancario: “Teníamos algunos problemas de pareja, a mi entender no muy graves. Una noche, mi esposa me dijo que me tenía que ir, me echó de casa, dijo que hablara con su abogado. Para evitar males mayores pasé la noche en casa de mis padres, al otro día volví a casa. Al intentar ingresar me di cuenta que había cambiado la cerradura, no me atendía, cuando respondió me insultó, negándose a que pueda estar con mis hijos”.
Eduardo representa otra realidad, la de los miles de papás que ni siquiera los pueden ver regularmente. JOSE MARIA BOUZA, fundador en 1988 de APADESHI. (Asociación de Padres Alejados de sus hijos, ver recuadro dos) asegura que “El separado sin posibilidad de contacto de los hijos es un caso más grave, porque hay una obstrucción en el vínculo producida por su pareja, y el padre queda marginado de la sociedad, busca trabajos informales, deja de lado todo para concentrarse en una acción judicial en la que finalmente queda atrapado, pues piensa que se va a resolver rápido y en nuestro país no es así, es como un espejismo de montaña, donde el alpinista cree ver la cima ahí nomás, cerca, y tarde descubre todo lo que le cuesta llegar, y tal vez nunca llegue.”
PARA LOS JUECES PAPÁ NO ES UN ÍDOLO
JOSE MARIA BOUZA, que confiesa haber atendido él solo ya alrededor de 15.000 padres en APADESHI., piensa que: “un juzgado donde se plantea una cuestión de tenencia debería evaluar quién es el más apto, no por su sexo, sino por sus condiciones psicológicas, desarrollo laboral y tiempo disponible, y sobre todo por su actitud con su pareja en cuanto a esta problemática. Pero prefieren culturalmente beneficiar a la madre, aún pasando por alto que algunas mamás hayan tenido intentos de suicidio, internaciones psiquiátricas, o incluso, que ni siquiera desee verdaderamente hacerse cargo de los chicos”.
Por su parte, LUIS MARIA ASSANEO, fundador de APRADIM (grupo de profesionales que dicta conferencias sobre temas como Enigmas de la Virilidad, Parejas en Crisis, etc.), psicólogo y docente del CENTRO DOS de atención psicológica, y miembro adherente de la Escuela Freudiana de Buenos Aires, coincide con Bouza en que “las leyes que dan automáticamente la tenencia de los hijos a las madres son obsoletas; la posibilidad maternante del padre ha evolucionado, y además antes era la mujer la que se quedaba en casa y ahora son los dos los que trabajan afuera del hogar”.
La Lic. MARIA RUTH MURAIS amplía el concepto: “con la madre se arma un lazo en los primeros cuatro años de vida que es preciso no cortar, pero luego ambos tienen capacidad para ejercer el rol de mamá-papá o papá-mamá, y los chicos podrían elegir con quien estar”.
¿HAY ESPERANZAS, PADRE?
SÁNCHEZ BODAS sostiene que “las nuevas corrientes psicológicas, estas visiones humanísticas, en general miran más para adelante que para atrás, el aquí ahora, el presente, el porqué no importa tanto, me pasó lo que me pasó y ahora veamos lo que hacemos con esto. Estas corrientes aportan la posibilidad de pensar en lo concreto, se cita a la familia, a la ex, a los chicos, se hacen reuniones familiares, no se toma la cosa de manera individualista”. MARIA MURAIS, desde una perspectiva sistémica aconseja: “la tendencia a lograr debe ser que la familia, producida una ruptura, recobre la homeostasis, la búsqueda de un nuevo equilibrio, todo tiende a que después de un momento de crisis todo se ordene, y al papá que se tuvo que ir, le espera un gran trabajo interno para superar este corte o quiebre, puede ser el momento de un re-aprendizaje, pues hay papás que descubren su paternidad justamente cuando se van”.
JOSE MARIA BOUZA sugiere que “los papás que nos quedamos sin nuestros hijos tenemos que cambiar y que preparar el nido, siendo cada vez mejores, para cuando ellos peguen el saltito y vengan con nosotros”.
¿EL PADRE SEPARADO ES MENOS PADRE?
LUIS MARIA ASSANEO discrepa con otras posiciones y asegura que “es un mito que se ha armado alrededor de esto, de que los padres son más padres cuando están casados y conviven con sus hijos”. Y hasta pone en duda la palabra duelo:
“El duelo es duelo cuando tenemos un objeto perdido, pero con el divorcio los hijos no se pierden, el vínculo sigue estando aunque no en las mismas condiciones, pero en muchos casos ese vínculo mejora. En realidad la sensación de soledad casi radical en la que ha quedado sumido un padre es porque se le revela su propia castración, la reafirmación de que todo no se puede, aunque la ciencia nos diga que sí. Por otra parte, y con relación al vínculo nuevo que se establece entre padre separado e hijo, una cosa es la cantidad y otra es la calidad; un padre conviviente puede estar absolutamente presente, y hasta ser asfixiante, y el vínculo puede ser rudimentario, débil, y un padre puede ser que por trabajo o porque se separó de la madre no esté siempre presente en forma física, sin embargo está presente en toda la actividad de la familia. Pero en esto no sólo tiene que ver cómo el padre ejerza esa función, también es muy importante la actitud de la madre, ya que desde el psicoanálisis, el padre es un decir de la madre, es una internalización psíquica a partir de que la madre lo nombra y le dice a los hijos, ése es papá”.
En síntesis, muchos padres se quejan con dolor y melancolía de cómo se trastoca la relación con sus hijos luego de la separación de pareja, y a la vez acusan a quien se queda con la custodia de ellos, de hacer y deshacer a su antojo sin considerarlos. Nos queda sólo la esperanza de que cada ex pareja de mamá y papá separados se alíen en busca de un bien mayor, por los niños y por ellos mismos, sin necesidad de jueces ni abogados, recordando que alguna vez se amaron y que esos niños son el fruto de ese amor, para que las funciones materna y paterna se sigan cumpliendo sin obstrucciones, pese a todo, y que Mrs. Doubtfire se convierta en apenas una película que vive sólo en la memoria insistente de los cinéfilos.
Recuadro uno:VOCES DE PAPÁS
EDGARDO (37), administrativo, marplatense: Mi separación fue muy dolorosa, porque sabía que el vínculo con mis hijos ya no iba a ser igual y se frustraba la posibilidad de tener una familia. Es difícil aceptar que mis hijos no puedan tener a su papá para acompañarlos y ayudarlos a crecer en todo momento.
MARIO (48), ingeniero, de Olivos: El contacto con mi hija siempre se dificulta porque la mamá le genera actividades extras en mis horarios de visita, o usa la estrategia de ponerse tan violenta y tan mal, que la nena prefiere quedarse con mamá "para que se calme" o "no se angustie".
EMILIANO (27), agente de Viajes, de Lanús: Cuando mi hijo tenía 4 años y después de una relación muy difícil con la madre, la misma en el año 2002 me denunció falsamente por abuso sexual hacia mi hijo, para que no pudiera verlo. Allí comencé un largo peregrinar por distintas instancias judiciales hasta el día de hoy. La terapia psicológica individual me ayudo a sostenerme en todo este tiempo. A mi hijo continúo sin poder verlo desde hace tres años, y sin tener noticias de él desde hace más de un año.
Recuadro dos:
QUÉ ES APADESHI (ASOCIACIÓN DE PADRES DISTANCIADOS DE SUS HIJOS)
Esta institución sin fines de lucro fue creada en 1988 por JOSE MARIA BOUZA junto a otros papás que veían obstruido su vínculo con sus hijos o tenían una imposibilidad de contacto con ellos.
En su sede, los padres tienen días de reunión, de capacitación, obtienen contención psicológica e información jurídica. Hace casi 20 años, BOUZA imposibilitado de ver a su hija escribió una carta a los medios instando a otros padres en la misma situación a juntarse para ver como enfrentar la problemática, y fue entrevistado por Fernando Bravo en un programa de televisión que tuvo una repercusión impensada.
El grupo que con el tiempo se formó, logró la sanción de la Ley 24270, por la que queda configurado como delito el accionar del padre o tercero que impidiere u obstruyere el contacto de menores de edad con sus padres no convivientes.
Bouza cuenta que en ese momento consideraba terminada su misión pero “luego aparecieron otras estrategias de mamás que tenían la tenencia de los hijos, por ejemplo el hacer denuncias falsas contra el padre de abuso deshonesto, o de violencia familiar, imposibles de probar, (que generan en el padre privado del vínculo el síndrome de alienación parental) y que la justicia desestima luego de años de un proceso, mientras el padre no puede ver a los hijos. Y hoy hasta vienen a consultarnos futuros papás de hijos que todavía no nacieron, porque se separaron de su mujer embarazada la cuál desde ya les dice que cuando nazca el bebé no se lo va a dejar ver”.
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humilde homenaje al Licenciado J. Jesús Ramírez Esparza, gran jurista, extraordinario maestro y admirable ser humano Javier Arturo Haro Oteo
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Javier Arturo Haro Oteo es militante del PRD y estudiante de la carrera de Derecho en la Universidad Autónoma de Aguascalientes
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“No es que la vida sea breve, lo que ocurre es que durante la misma realizamos pocos actos verdaderamente trascendentes”. Séneca
El día era bello, con esa belleza propia de los días de julio, sin el exagerado calor de los abrileños ni el frío crudo de los decembrinos; una mañana sin mayores complicaciones que la de sentir que en una semana más debería decir a la gente — cuando me lo preguntara — que era un año mayor de lo que venía diciendo durante los últimos 12 meses — bueno, siempre se tarda uno al menos un mes en acostumbrarse, a menos que se haga a la idea desde antes de la fecha de cumpleaños — cerca del medio día una llamada, los clásicos saludos y el “¿cómo te va?” que no parecían tener ninguna mala intención, y claro, mi gusto por desconfiar de la gente me hizo pronunciar aquellas palabras “¿para que tanto brinco estando el suelo tan parejo?, tú no sueles hacer llamadas de cortesía, ¿qué pasa?” La respuesta con una interrogante que confirmaba mi sospecha de que algo malo pasaba. “¿Estás sentado?” — ¿en cuántas posiciones puede uno hablar por teléfono? — “tengo que darte una mala noticia, falleció el papá de Carlos”. “¿¿¿Su señoría, el compañerito???”, fue mi respuesta. Efectivamente, habían llamado para darme una noticia por demás sorprendente: habían encontrado sin vida el cuerpo del Magistrado Presidente del Supremo Tribunal de Justicia, Licenciado J. Jesús Ramírez Esparza, más sorprendente aún la causa: suicidio con arma de fuego.
El nombre de Jesús Ramírez tal vez no era tan conocido en la sociedad aguascalentense, dado a que su carrera profesional la realizó siempre en instancias judiciales — material o administrativamente hablando — no existe por tanto en Aguascalientes, abogado que no lo conociera, igualmente en la Universidad Autónoma era uno de los maestros mas reconocidos, respetados y queridos.
En su vida como juzgador, fue Juez, Magistrado del Supremo Tribunal y tras dos intentos fallidos, finalmente en el tercero fue electo Magistrado Presidente; sus momentos más brillantes sin duda se dieron como magistrado adscrito a la primera sala mixta, pues su periodo como Presidente fue muy fugaz; sin embargo, quienes lo conocimos al menos un poco estamos seguros de que su papel, en caso de prolongarse, hubiese sido brillante.
Aún hoy no se puede entender cómo un hombre de poco más de 50 años, sin ninguna enfermedad terminal, con una familia unida, admirado, en la cúspide de su carrera y tras acceder al escalón más alto que soñó en su vida profesional, de pronto ya no quiere vivir y decide “disponer de su existencia por su propia mano” — como lo dijera el procurador —, a raíz de su fallecimiento diversas ESPECULACIONES se han levantado, desde las más ingeniosas — dignas de la mente de Thomas Harris — hasta las más absurdas — dignas de la mente de Daniel Bisogno —; sin embargo, la realidad es que Su Señoría — como solía llamarle y que por cierto después me enteré que no le hacía mayor gracia — inició hace un mes su viaje a los juzgados de Minos, muchas generaciones de jóvenes abogados y profesionistas de otras carreras bebieron de ese manantial de sabiduría jurídica que representaba, sus funerales estuvieron bastante concurridos, por gente para la cual nunca negó el saludo, la palabra de aliento, la consulta o simplemente su amistad, porque ante todo era un hombre sencillo; la universidad se siente incompleta si su presencia, Señoría… ya lo extrañamos.
Dedicado afectuosamente a Carlos Jesús Ramírez Gutiérrez por la amistad que nos une desde que iniciamos este camino y a toda tu familia, esperando que pronto llegue la etapa de los recuerdos y disminuya la de la tristeza. |
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5 minutos de felicidad Juan Carlos Dávila Camarillo
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Juan Carlos Dávila Camarillo es Licenciado en Comunicación Medios Masivos por la Universidad Autónoma de Aguascalientes
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Estoy en el trabajo. Se acerca un tipo. Me amenaza: “Te espero a la salida”. “A la salida nos vemos”, le respondo… Tú estás aquí. No sé por qué, pero trabajamos juntos. Has terminado. Algo esperas… Termino. “¿Nos podemos ir juntos?”, me preguntas. “Sí, claro”, te contesto… Estoy buscando algo. No lo encuentro. Lo vuelvo a buscar. No lo encuentro. Estoy molesto. No sé si por no haber encontrado lo que te pensaba dar o por el tipo que me amenazó en la oficina. Detienes el auto. Me abrazas fuerte y cálidamente.
“Te extrañé”, te digo. “Sí”, me dices. No sé si es pregunta o afirmación. Te vuelvo a decir “te extrañé” y agrego “más de lo que tú piensas”… Llegamos. Tienes lágrimas en los ojos. Una persona a lo lejos te pide que si puedes ir un momento. “Está bien”, contestas. “¿Por qué no lo intentamos?”, te pregunto. “Sí”, dices. Otra vez no sé si es pregunta o afirmación. Sonríes. Es afirmación. Nos besamos. Un beso corto, te están esperando. Bajas del auto. Te das la vuelta. Nos volvemos a besar. Te alejas… Despierto. En esta noche lluviosa y de insomnio he logrado dormir 5 minutos…
5 minutos de felicidad. |
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(sin título) El Shocker
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Este Shocker no es el que vive de la lucha libre, aunque también se ha declarado 1000% guapo. Dicen que “de músico, poeta y loco, todos tenemos un poco”; el Shocker es más poeta y loco… y a veces es bien músico.
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Aun cuando el cansancio agobie a nuestro cuerpo, nuestra alma es capaz de sobreponerse y superar la prueba; no te detengas, abre tus ojos, disfruta de la luz que las nubes permiten pasar y verás cómo es reconfortante saber que estás vivo...
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Axel Mishael Muñoz Barba
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Axel Mishael Muñoz Barba estudia Cine en el Centro de Capacitación Cinematográfica
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Cuando se recoge el maizal, los surcos gritan una soledad, como que algo
les falta, piden que se les llene con más maíz, aunque nomás los
llenamos de tierra, ora los están llenando de gente. |
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scenario: old enough to bleed José Luis Justes Amador
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José Luis Justes Amador es escritor y traductor
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El rodaje de una película nueva, la tercera de un director cada vez más arriesgado. El último día, la escena que inaugurará la película. Antes de los créditos. Con o sin ella, la cinta funciona. Es un añadido, un capricho del cineasta. Que, además, es su propio guionista.
Esta película, repleta de escenas al límite, retrata muy explícitamente la sexual vida de una mujer. Como tantas otras cintas. Pero ésta abrirá con siete minutos en un solo plano secuencia. Un principio espectacular. ¿Es espectacular el adjetivo?
El argumento se ha filtrado a la prensa. Aunque es mentira, publicistas y director dicen que está basada en una historia real de una mujer, “escandinava pero traslada a este país en el guión”, que comenzó su escalada sexual a los trece años. Era, y eso añadía morbo, la primera película de producción nacional que había obligado a todos los técnicos, a todos los involucrados de una manera u otra, a suscribir un acuerdo de confidencialidad.
Una de las condiciones impuestas por la madre de la joven, jovencísima actriz, es que hubiera, en todo momento, una psicóloga, elegida por ella misma, junto a su hija.
La psicóloga le explica al director lo que el director ya sabe. Que es muy útil el plano-contraplano al trabajar con actores cuya madurez mental no alcanza, ¿alcanza?, para el tema a rodar. Se citan de pasada “El séptimo día” y “Los idiotas”. Ambos, doctora y cineasta, saben de qué están hablando.
(Se rueda al niño o la niña bajo un estímulo que comprenda. Da lo mismo lo alejado del guión que esté. Con frases ambiguas. O llorando o riendo histéricamente. O con lo que marque el guión. Se rueda, o se ha rodado previamente, al actor o actriz adulto con su texto y sus gestualidades. Montaje por atracción, empleado en la Rusia de los soviets con fines propagandísticos. El ojo establece por sí solo una conexión lógica entre los dos planos. Los considera coincidentes, causa y efecto.)
Pero ninguno de los dos habla de lo que pasará. De la escena que está previsto rodar.
El director y la madre. El director y la psicóloga y la madre. Hablan. Hablan y hablan. Todos entienden el punto del otro y defienden el suyo. Se logra al fin el acuerdo.
El cineasta rodará su escena. La madre se asegura de que la psicóloga hable, a solas, con la niña antes de la escena, que esté en todo momento preparada en el estudio, que analice, sabe dios cómo y qué, las posibles secuelas. Si las hubiera. La psicóloga sabe que tiene un caso que puede hacerla famosa en la academia. Pese lo que pase, ya ve su nombre en las revistas científicas.
(Se han perdido, se van a perder, en esta ocasión las dos ventajas del cinematógrafo: ensayos cercanísimos en el tiempo a la actuación definitiva que pueden, además, repetirse hasta la saciedad y las repeticiones, aún dependientes del presupuesto, la calidad de la actuación y el perfeccionismo del director, de la escena que se está grabando).
Una sola toma, siete minutos. No hay marcha atrás, no hay repeticiones. No hay excusas.
Dos conversaciones más. De una sabemos. De la otra nada. La puerta se cierra tras el cineasta que se encierra con la joven y el actor, de carrera ascendente, guapo, en un cameo. Y la experta, sin voz ni voto, que entra con ellos. Y sólo escucha.
Unos minutos antes del rodaje. Dos voces. Casi una conversación.
— Los adultos ven las cosas de otro modo.
Silencio.
— ¿Me entiendes?
Un “sí” casi imperceptible, un “sí” del que no se podría decir de donde vienes.
¿Por qué detenerse en los detalles? ¿Qué valor puede tener describir al hombre sentado en la cama desnudo de cintura para arriba? ¿Son importantes las primeras y únicas palabras de la actriz, del personaje? ¿Importa tanto que diga “te amo”? ¿Debe contar el inaudible “ámame” como una palabra? ¿Qué es más importante: la mano fuerte dibujando el contorno del cuerpo aún vestido o el contacto de las yemas a través de la ropa delgada con la piel? ¿Qué simultaneidad es primera: el imperceptible erizarse del vello en los brazos o el también imperceptible movimiento de la hombría?
¿Por qué es tan difícil describir un desnudo núbil? ¿Por qué todo es casis, acasos, apenas? Los pechos casi formados, los pezones que apenas se alzan por primera vez, el vello que casi no oculta. ¿Sigue la lengua de él el mismo camino que trazaron las manos? ¿Qué código secreto tumba a ambos sobre la ropa de cama? ¿Un diálogo sin palabras sólo se entiende al ser actuado? ¿En qué momento los dedos hechos para el juego encuentran un botón, una cremallera? ¿Qué gesto sutil convierte las paralelas en una letra de un alfabeto extraño y cotidiano al mismo tiempo?
Todo es movimiento. ¿Quién puede comparar la diferente satisfacción de sentidos diferentes de mundos diferentes?
Un minuto más y la escena termina.
El sonido de la portezuela del coche al cerrarse. Una voz que si este cuento fuera una película realista ("Acariciad los detalles") no alcanzaríamos a oír: "La doctora me dijo algo muy raro". La madre se alarmó antes de escuchar siquiera la pregunta. "¿Qué es eso del amor?" |
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veintipoquitos, veintimuchos, treinta y poquitos Dorismilda Flores Márquez
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Dorismilda Flores Márquez es Licenciada en Comunicación Medios Masivos por la Universidad Autónoma de Aguascalientes, estudiante de la Maestría en Comunicación de la Ciencia y la Cultura en el ITESO, y editora de El Cafecito, entre otras curiosidades
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Ya me quedé a vestir santos. En mi nuevo empleo gano más, pero salgo menos. Respirar aire puro se agradece. Todos me tiran el can, ahora que me he casado. Cociné crema de pimiento y pollo a la plancha. Mi mejor amigo es gay. Mañana debo pagar agua, luz, teléfono y tarjetas de crédito. No sé si quedarme con mi novio de años, el que es mayor que yo y no acaba de divorciarse, o arriesgarme con el que conocí de viaje por Europa. Me siento vacío. Me encanta salir a tomar café. Mi vida profesional es maravillosa, pero la personal se ha hecho pedazos. Tengo cáncer. Mi amante vive en otra ciudad. En mi casa dicen que soy el único que no ha hecho mucho, que hasta mis hermanas menores tienen ya una vida estable. Aguanté dos semanas en el gym. Casi no veo a mi hijo. La maestría me hace feliz, pero el día de pago de colegiaturas no me hace tan feliz. El médico dice que debo llevar una vida saludable. Detesto que los niños corran y griten dentro del templo. Tengo cremas de todos los tipos: humectante, limpiadora, desmaquillante, anti-ojeras, anti-arrugas, anti-celulitis, anti-estrías, reafirmante, bloqueador solar, la que viene con el perfume y lo que se acumule. Debo ir al gimnasio a las siete de la mañana. Desde que nació mi bebé, no he dormido una noche completa. Quiero un coche más grande. Los políticos son un asco y nuestra democracia es una farsa. Los viajes me siguen llenando de entusiasmo. Mi mamá ha muerto. Me gusta que me regalen flores con todo y maceta. Ya no me da asco cambiar pañales. Cambió de opinión en una semana, ahora resulta que se está reconciliando con su ex. Esta semana he visto a mis amigos de la escuela, de mi otro trabajo, de toda la vida. Iré a Sao Paulo, Madrid y Toronto... por trabajo. El próximo año hago mi MBA. Dios sabe lo que hace. Quien fue mi mejor amiga me mintió por años. El trabajo es la mejor terapia. Vi una película rarísima y maravillosa. No me salen las cuentas. Los compañeros de primaria, secundaria y prepa, ya están casados o tienen hijos; los nerdos seguimos en posgrados. Esta noche la luna se ve más bonita que de costumbre. ¿Hace cuánto tiempo que no entendemos qué es el tiempo libre? Mira, juntamos el tiempo de la regadera, la eterna hora de despabilarse y la lectura de noticias como tiempo libre. Las ensaladas realmente deliciosas. ¿Tengo vida?, trabajé sábado y domingo. ¿En qué momento nos convertimos en adultos? |
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