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Dada ha muerto Viva Dada José Luis Justes Amador
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José Luis Justes Amador es escritor y traductor |
Para Cristina como pago de una veladaen compañía de los surrealistas franceses.
Desde siempre, y es un gusto muy personal que nadie está obligado a compartir, he sentido una fascinación especial, enfermiza en ciertas etapas de mi vida, por el dadaísmo. En general, por todas las vanguardias. Pero dada tiene algo que no tienen los demás: el afán de destruir intelectual y, ¿por qué no?, físicamente que no tienen los otros “ismos” clásicos. El expresionismo intentó, y logró, elevar una visión totalmente personal de la vida a arte. El futurismo quería sustituir la Victoria alada de Samotracia por rugientes automóviles. El cubismo, hacer del cuadro de dos dimensiones un espacio de tres. Los ejemplos de la época dorada (1890-1930) se multiplican pero siempre en sustitución: esto nuevo por aquello viejo. Dada no quiere nada. Absolutamente nada. (cfr. Siete Manifiestos Dada).
Antes de prestarla, ojeo la Historia de las Literaturas de Vanguardia de Guillermo de la Torre, libro escrito a la vez que los grandes movimientos estaban en plena vida (casi escribo ebullición, pero eso significaría disgregarse en humo, en polvo, en aire, en nada. Y no es cierto). Unos pocos días, antes o después, eso no importa, me devuelven Homo Sonorus, una antología de poesía sonora. Todo parecía indicar un resurgimiento de la vanguardia, al menos, de las puertas de mi casa hacia adentro.
Y, coincidencia u obligación manifiesta, destino, hoy (nueve de enero de 2006) leo en el NYT una noticia imposible: Pierre Pinoncelli, 77 años, qué ejemplo para los jovenes artistas, ataca en el Centro Pompidou la Fuente de Duchamp.
Hagamos historia antes de pasar al artístico ataque. Duchamp es el autor de dos de las obras más reconocibles, iconoclastas, más artísticas y, vistas a distancia y entonces, más divertidas del arte del siglo XX. Primero, la ocurrencia de los bigotes sobre una reproducción de La Gioconda y las crípticas iniciales que significaban “ella tiene el culo caliente”. Y, segundo, lo que según una revista de arte (¿francesa o alemana? Ahora no recuerdo) ha sido la obra más influyente del arte del siglo XX, la ahora atacada y ultrajada (y perdón por la palabra “meada”, “orinada”) Fuente[1]. Y, por supuesto, la genial La novia desnudada por los pretendientes o Gran Vidrio.
Dada, ya lo dije antes, no quería nada. Dada no quería construir. Dada se limitaba a destruir. Con eso bastaba. Destruir para crear un concepto (the long and winding road), antecedente no siempre reconocido de toda la transvanguardia (la palabra, la más acertada para referirse a lo que no son vanguardias clásicas -contradictio in termino- es de Achille Bonito) posterior.
Pierre Pinoncelli, qué bueno, no intentaba destruir la Fuente. Simplemente, devolverla a su función original; es decir un urinario. Si Duchamp intentó demostrar que cualquier objeto puede ser arte, Pinoncelli parece proponer que cualquier obra de arte puede ser devuelta a su función original. Y no por primera vez. En 1993 en la Carré d’Art de Nimes ya había orinado e intentado atacar la Fuente, según sus propias palabras “para rescatar a la obra de su posición sobrevalorada y devolverla a su uso original”. En aquella ocasión fue un mes de multa y el equivalente a treinta y siete mil dólares de multa. Y, como en aquella ocasión, el artista se exculpa diciendo que su acción es una obra de arte y un homenaje a Duchamp y a otros tantos dadaístas.
En el 2000, dos artistas conceptuales chinos, Yuan Cai y Jian Jun Xi Ianjun, ya habían procedido en la Tate Gallery a hacer lo mismo (es decir, orinar) con la Fuente, alegando ellos que Duchamp había dicho que arte es lo que un artista define como tal y que lo suyo era tal. Un año antes ellos mismos habían saltado, como niños a punto de cumplir cinco años, sobre My Bed de Tracy Emin que, como su nombre indica es eso, una cama sin hacer, ropa interior sucia, botellas vacías y condones usados.
Sigamos con los despropósitos. Michael Landy en el 2001 en un performance llamado Destrucción hizo literalmente eso: destruir su casa totalmente en la cual se encontraban valiosas obras de otros autores ingleses. En fin, cada uno es libre de hacer lo que quiera con lo suyo. Aunque no tanto. En el 2003 los hermanos Chapman, artistas performativos también, fueron acusados ante un tribunal de vandalismo por haber pintado sobre los rostros caretas de payaso en 80 grabados originales de la serie “Los Desastres de la Guerra” de Goya que ellos mismos habían comprado.
Hay otros dos tipos de ataque a las obras de arte. Tan interesantes en sí mismos que casi podrían, con un poco más de conciencia, ser dadaístas.
Uno es la ignorancia de los limpiadores de los museos. En el 2001, unos veladores confundieron una obra de Hirst (tazas de cafe vacías, ceniceros sucios y botellas de cerveza) con basura y ahí fue. En el 2004 la obra de Gustav Metzger Recreación de la primera demostración pública de arte autodestructivo (que era nada más y nada menos que una bolsa de basura) siguió el mismo camino.
El otro es la demostración pública de que a alguno de los espectadores no le ha gustado mucho la obra de arte. En 1976, una de las primeras protestas públicas que pueden considerarse como cuasi-performativos, alguien llenó de pintura azul la hermosísima instalación de Carl Andre que consistía en un montículo de ladrillos mal apiñados (hoy en el Reina Sofía, sin la pintura azul, por supuesto, porque entonces se podría confundir con el polvo de colores de Anish Kapoor[2]). O, cuando hace un par de años, se llenó de tinta negra, volviendo invisible la obra en un contenedor que contenía las ovejas en descomposición y conservadas en formaldehído de Hirst.
¿Y Pinoncelli? ¿De dónde sale? Desde los años sesenta se ha especializado en lo que él mismo bautizó como “les happenings de rue”; o sea, happenings en la calle. En 1969 arrojó pintura roja a la cara de André Malraux (un gran escritor lamentablemente olvidado por todos y en aquel entonces ministro de cultura de Francia) con una pistola de agua. En 1975, asaltó un banco en Niza con una pistola falsa para protestar por el hermanamiento de esa ciudad con una en una Sudáfrica que aún mantenía el sistema de apartheid. El mismo año, en homenaje a todos los judíos deportados en esa misma ciudad, se paseó por los tribunales de Niza cubierto de estrellas amarillas. Artístico. Dadaísta. Tiernamente dadaísta.
Aunque su acción más sorprendente fue en un festival de performance en Cali en el 2002. Para protestar por el secuestro de Ingrid Betancourt, por la guerrilla de izquierda, se corto la mitad del dedo meñique de su mano izquierda y usó su propia sangre para escribir “FARC” en la pared blanca.
A Colombia no le importa el arte. Ingrid sigue secuestrada. Viva Dada. [1] Nada de que preocuparse. No es la original Fuente, aquella que fue rechazada (“ni original ni arte”) de la primera exposición de la sociedad de artistas independientes en Nueva York en 1917, el urinario colocado bocabajo y firmado R. Mutt. Esa se perdió. Esta es una las ocho copias firmadas por Duchamp en 1964. [2] Que yo, dadaísta de tiempo partido e inconscientemente joven, pisé una vez por error. |
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el quitapenas Enrique Puente Gallangos
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Enrique Puente Gallangos es Maestro en Derecho Constitucional y estudia la Maestría en Psicoanálisis, es además catedrático de la Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca y de la Universidad Regional del Sureste |
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¿Qué fines y qué propósitos de vida expresan los hombres en su propia conducta; qué esperan de la vida, qué pretenden alcanzar con ella? Éste es un cuestionamiento que en determinado momento tenemos que hacernos en el transcurso de nuestra vida, esto generalmente es planteado una vez que las cosas de la vida no están saliendo nada bien o no salen como “lo planeamos”, ja ja ja ja, pero, precisamente planear nuestra vida es lo que no hicimos y que hoy nos cuestionamos.
El sujeto, como ya hemos planteado en otras ocasiones, es sujeto de la cultura, del lenguaje y del derecho; este sujeto barrado puede decirnos que tiene aspiraciones diversas; empecemos por las más significativas, claro está para este sujeto de lo social y, por qué no decirlo, para este sujeto global: tener dinero antes que todo porque, eso del trabajo es culpa de nuestro Padre Adán y nuestra Madre Eva, por lo cual fuimos condenados al trabajo hasta que sudemos. Pudiera parecer un poco irónico, pero, considero que este mito es retomado por los amos de hoy, o sea, los sistemas neoliberales, nada más que ahora el mito lo tenemos al revés volteado, el trabajo no es un castigo como en el mito citado, ahora el trabajo es algo que te dignifica, te sujeta, sí, te sujeta al sistema y si no lo tienes simplemente no eres nadie; bueno, una gran parte así lo siente y lo piensa; por lo tanto, tenemos que aceptar, dejando del lado la naturaleza agresiva del sujeto y narcotizando su aspiración de dinero que eso nadie se lo quitará, sólo quedará dormidito por un momento.
Pasaremos a dar como segunda aspiración, pero, ésta más del lado sometido del sujeto a toda sociedad y ésta tendrá que ser el Trabajo, sin lugar a dudas, y de ahí podríamos continuar con muchas más como: educación, salud, vivienda, seguridad, carro, esposa o esposo, hijos, belleza, agua, aire limpio, paz, etcétera; en fin los sujetos quieren darse cosas y quitarse otras.
Mi propuesta sobre las aspiraciones del sujeto es la siguiente: el sujeto “aspira a la felicidad, no quiere dejar de serlo”, así es como damos respuesta al cuestionamiento que nos hacíamos al principio, este sujeto barrado por la cultura aspira a la felicidad con dos finalidades, una negativa y la otra positiva. La primera, evitar el dolor y el displacer; la segunda, experimentar intensas sensaciones placenteras. La actividad humana se despliega en dos sentidos, según se trate de alcanzar; este sujeto, como finca su objetivo vital bajo el programa del “principio del placer”, principio que rige las relaciones del aparato psíquico desde su mismo origen.
La felicidad es un fenómeno episódico surge de la satisfacción, tibio bienestar; porque nuestra disposición no nos permite gozar intensamente sino en contraste, en escasa medida, lo tolerable. Nuestras facultades de felicidad están limitadas por nuestra propia constitución, y además no tenemos que olvidar que, frente al espejo de la felicidad también se refleja el sufrimiento. El sufrimiento nos amenaza desde tres lados: desde el propio cuerpo, desde el mundo exterior y de las relaciones con los otros seres humanos. Bajo las presiones de tales posibilidades de sufrimiento el sujeto tiende a bajar sus aspiraciones de felicidad, el programa del “principio del placer” en el cual el sujeto fincaba su vida cambia por la amenaza de sufrimiento proveniente de los puntos antes señalados, ahora el sujeto se constituye bajo el “principio de la realidad”, que es más modesto.
Ahora pues, este sujeto no puede lanzarse a experimentar las intensas sensaciones placenteras, simplemente porque el sufrimiento estará en todo momento vigilante, inquisidor, culpable y culpando al sujeto. Por tal motivo el sujeto buscará o inventará unas mil maneras de evitar el dolor, el displacer y el sufrimiento. Una de éstas maneras de evitar el sufrimiento a la que hoy me quiero referir es el amor. El sujeto se dirige a otro que cree diferente, pero que es igual que él y que le dará todo lo que no tiene para que llene su falta y lo aleje del sufrimiento. Es muy lamentable que este cariz tóxico que genera el sujeto en sus procesos mentales se haya sustraído hasta ahora a la investigación científica; se atribuye tal carácter benéfico a este quitapenas en la lucha por la felicidad y en prevención del sufrimiento del sujeto que tanto los individuos como la sociedad le han reservado un lugar permanente en su vida psíquica y económica. No sólo se le debe al amor el placer inmediato, sino también una anhelada medida de independencia frente al mundo exterior, los sujetos saben que con este “quitapenas” siempre se puede escapar al peso de la realidad, refugiándose en un mundo propio que ofrezca mejores condiciones para su sensibilidad. También saben, o tendrían que saber, que es precisamente esta cualidad del amor de adormecer la razón del sujeto la que entraña un peligro y su nocividad; de cierta manera, podemos decir que el sujeto tiene la culpa de que de que se disipen estérilmente cuantiosas magnitudes de energía que podrían ser aplicadas para mejorar la suerte de la humanidad. |
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remedio para familias Luis Buero
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Luis Buero es guionista, periodista y psicólogo social. Colabora para el cafecito desde Argentina. Visita su sitio: www.luisbuero.com.ar
Remedio para familias ganó el tercer lugar en el Concurso de Cuentos de SADE 1972; pertenece al libro El último otoño y otros cuentos, publicado en 1982.
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Yo nunca pude precisar el momento exacto en que comenzó el plan de destrucción, pero sería una tontería negarle importancia a la anuencia de los chicos, y al genio increíble de mamá.
No sé, nunca supe por qué nos envolvió esa decepción repentina, ese extraño hastío. Después de todo, papá nunca había sido un Cid con tiradores, y su apariencia de queja vertebrada quizá se debiera a que dentro de su mínima cultura de primer grado inferior existió siempre una pequeña luz que le hacía presentir este mundo hostil, solitario, enfermo de subestimaciones y costumbres, que nos deshabita. Pero nunca transmitió nada; se dejó encasillar, se dejó dominar por los gritos de mamá (alaridos de los ojos, esos que duelen) o los “andate al diablo” de nosotros, cuando pudimos defendernos de él.
Claro, la cosa había cambiado, ya aquel padre golpeador había envejecido y no podía imponer su razón o sin razón con el cinturón, el manotazo de su palma pesada, o la pena de ir a la cama sin cenar. Hugo casi médico, a Héctor le faltan dos materias para terminar arquitectura, Palmira era ya la secretaria privada de un importante editor, y yo, el menor, acababa de ingresar a la carrera de abogacía. Todos jóvenes, inteligentes, ambiciosos, pero a la vez embriagados por una sensación inevitable de planeta desierto, de plaza vacía, de pueblo abandonado.
Ya papá casi no contaba en la familia; su viaje diario constaba de dos escalas por la mañana, una en el baño más amplio y sin tardar mucho, la otra durante el té con leche, escondido entre las altas sillas de cedro barnizado, y nuestros cuerpos de estatuas inmutables. Apenas algún comentario sobre un nuevo chiste verde escuchado en el trabajo, o la idea de plantar malvones en el jardincito del fondo componían la iniciativa de papá. Aunque no debo olvidar la tímida sugerencia de comprar un pomo grande de crema hecha con aceite de bacalao, para las paspaduras. El viejo almorzaba o cenaba solo, en silencio, antes o después que nosotros.
Además podía, se lo teníamos conscientemente permitido, caminar de un lado a otro del comedor y silbar un tango de Cobián, pero él no tenía muy presente ese derecho y hacía sus travesías interiores cabizbajo, como pidiendo disculpas por ocupar el aire.
Sabíamos que papá hacía el mejor asado, coleccionaba llaves y era un experto evaluador de cueritos de canilla, pero jamás le permitimos demostrar sus habilidades, no lo dejamos probar al pobre maldito; tal vez un hombre ingenuo como él hubiera podido ayudarnos a arrancarnos esta araña interior que ahora nos consume.
Y un día enloquecimos. Creo que todo comenzó aquella noche en que Palmira comentó que iba a salir con el novio y aseguró que no pensaba volver hasta el día siguiente. Mamá no puso objeción; no sé, y es feo decirlo, si fue porque realmente no le molestó el asunto o nada más que para contrariar a papá. Lo cierto es que cuando papá corrió gritando de manera descomunal para detenerla, Héctor le hizo una zancadilla y el cuerpo del viejo rodó estrepitosamente por las escaleras del living.
Era la primera vez que pasaba algo así, y aunque parezca raro e inconcebible, a todos nos pareció bárbara la impulsiva iniciativa de Hectorcito; si hasta gozamos uno a uno los golpes de papá entre escalón y escalón, explotando de bronca y sin dejar de insultarnos hasta chocar la boca contra la alfombra. Héctor fue el secreto portavoz de nuestro odio, esa furia de la que no se habla nunca porque este tipo de sentimientos no está permitido. Sí, Héctor abrió una puerta que ya nunca pudo cerrarse. Ahí, pues, comenzó todo, porque para que Palmira pudiera irse tuvimos que atarlo a una silla, y lo que al principio fue una absurda pero divertida irreverencia, mezcla de juego y alegre desahogo, se convirtió con los días en un hábito incansable de fiereza progresiva, y poco a poco, gracias a la fértil imaginación de mamá y a nuestros conocimientos bien adquiridos fuimos esparciendo con eficiencia la ira insólita pero voraz que a menudo despiertan esta clase de hombres.
Para mamá, para nosotros, el camino hacia la libertad se basaba en la invalidez de este desubicado e ignorante cascarrabias. La municipalidad, pensaba yo, como futuro legislador, debería tener jurisdicción sobre la capacidad de engendrar o no hijos, y no debería autorizar a ser padre a un tipo que a los siete años había dejado el colegio para ir a trabajar a un almacén. Y cuyo progenitor había desaparecido cuando él nació y no le había enseñado el oficio para tratar con niños. En fin, volviendo al presente, les cuento que, prisionero y apretado por las sogas, durante horas papá nos roció con las más diversas malas palabras, amenazas y maldiciones, hasta que Hugo tomó un cuchillito de esos que usaba para trabajos prácticos, y le extirpó la lengua.
Ha de ser cierta aquella tesis sobre las reacciones dispares de cada hemisferio del cerebro, porque paralelamente lo que hacía Hugo nos parecía una locura, y lo disfrutábamos.
La primera semana tuvimos la sensación de tenerlo encima de nosotros, y eso que él estaba allí, inmóvil, a un costado, mudo y completamente aferrado a una silla. Más solo que nunca.
Por eso, para que no supiera nuestros movimientos actuábamos mediante gestos, un retorcido código anti-paternalista que terminó por trastornarnos del todo. Es que no soportábamos saberlo cerca, pues estábamos seguros de que él participaba de nuestros actos, los auscultaba y juzgaba, aún sumergido en su trágica comedia de inocente ejecutado.
Y como lo correcto no siempre es lo contrario de lo incorrecto, ya cansados de intrigas, y para que papá no pudiera enterarse de nuestros planes diarios y sufriera por no poder evitarlos, Hugo le cortó las orejas y posteriormente, con ayuda de una tibia espátula de metal dorado, le quitó los ojos.
Durante los días posteriores tratamos de disimular de la mejor manera posible la estática presencia de papá, mutilado y finalmente preso en el altillo. Eso sí, de desatamos las cuerdas y le dábamos siempre el beso de las buenas noches.
El planeta entero, con sus consagraciones de cristal y sus valores inmutables, sería incapaz de comprender lo que hicimos. Asimismo, nosotros no supimos presentir que lo amábamos intensamente, en la misma y equilibrada medida de nuestro desprecio. Se dice que dos afectos opuestos no pueden coexistir en un mismo instante. Es mentira.
Pero volvamos al relato: las cosas empeoraron. Papá, no me pregunten cómo, consiguió escapar del altillo y aún ciego, sordo, mudo y débil, pudo llegar hasta la puerta de calle y salir. Casi se entera todo el mundo. Tuvimos que operar otra vez. Con ayuda de Palmira lo metimos en la editorial un domingo por la tarde y Héctor, que siempre tuvo buena mano para el dibujo y perspectiva, supo manejar la máquina de guillotinar papel con certeza. Si, la misma cuchilla que corta las ediciones de Poe y de Cervantes, y que se deshonró amputando las piernas y los brazos de papá.
Lo que quedaba de él ya no molestaba mucho. Apenas una comida diaria (naturista) y un poquitito de pis entre las siete y las ocho de la noche. De eso se ocupaba Palmira; yo en cambio le acariciaba los pómulos, ahora ya sin temor, imaginando las lágrimas que derramaría si le hubiéramos dejado los ojos. Y Hugo, con la cabeza gacha, murmuraba “perdón, perdón” pero papá ya no escuchaba.
Paulatinamente comenzamos a abandonar las fiestas, y otras reuniones. Por último la facultad, el trabajo, el mundo exterior. Palmira cortó la relación con su novio. Inclusive dejamos de ir al comedor y al jardincito del fondo. El radio de vida incluía únicamente la cocina, el baño, y el altillo.
Mamá fue la última en claudicar, la que más tardó en aflojar; pero Héctor la convenció y la trajo un día hasta el altillo (ya hablo de este lugarcito como de otra casa, el nuevo hogar). Y papá, imposible olvidar ese gesto, papá pareció saberlo, sentir que todos estábamos allí, sujetos a él, ciegos, sordos, mudos e inválidos, implorando esa dulce sonrisa que él finalmente nos ofrendaba entre jadeos.
Desde entonces nada ha cambiado. El remedio para la familia no resultó y a veces pienso que esta anulación del padre ha sido un fracaso mayor de lo sospechado. Es más, ayer cuando mamá nos hizo salir a todos del cuarto (no necesito aclarar que ya vivimos en el altillo), según un chisme de Palmira, se debió a que ella tenía ganas de volver a abrazar a papá como en los primeros tiempos. Y, bueno, son marido y mujer, necesitan un poco de intimidad, qué tanto.
Cuando de seres humanos se trata, ciertas batallas interiores pueden deparar las más diversas sorpresas, como se ve. |
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aplausos, México, muchos aplausos Dorismilda Flores Márquez
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Dorismilda Flores Márquez es licenciada en Comunicación Medios Masivos por la Universidad Autónoma de Aguascalientes; edita El Cafecito (casi siempre de madrugada) y trabaja en varios puestos a la vez
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Mientras hay poblaciones sin caminos ni teléfono, prácticamente incomunicadas, sin escuelas ni hospitales; mientras hay campesinos que todo lo pierden cuando la falta de agua o el exceso de ella arrasan con los sembradíos; mientras hay miles de personas que dejan su tierra para ir, de ilegales, en busca de dinero; mientras hay marginados, aun en nuestras flamantes ciudades; mientras no hay servicios públicos de calidad para todos; mientras en el Seguro Social dan cita para dentro de seis meses a quien se está muriendo de cáncer; mientras los agentes piden $100 ó $200 ó $500 para el comandante, a cambio de cancelar una infracción; mientras las multinacionales tienen todos los apoyos y las micro, pequeñas y medianas empresas ven su propia muerte en los ojos de todos; mientras el nivel de lectura de los mexicanos es uno de los más bajos del mundo; mientras la cultura general se esfuma de los programas de educación; mientras la educación sigue llenando de conceptos y no enseñando a pensar, por mucho Enciclomedia y demás maravillas que haya; mientras se habla bonito de los programas para usar eficientemente el agua y se sigue tirando por doquier a la vez que hay gente que camina kilómetros para encontrarla; mientras hay personas que sobreviven en casas de cartón; mientras nos asustamos de lo que la patrulla fronteriza de Estados Unidos hace a nuestros migrantes, a la vez que las corporaciones de la frontera sur hacen pedazos a los migrantes centroamericanos; mientras el narco invade cada vena de México; mientras nos acostumbramos a ver y escuchar notas de asesinatos, secuestros y otras cosas horribles en nuestro bonito país; mientras se gasta en todo, menos en apoyar a los deportistas que se han esforzado por traer buenos resultados para México; mientras nos enteramos de que las prácticas de tortura son también parte de los usos y costumbres de muchos de quienes deberían protegernos; mientras los delincuentes son atrapados y dejados en libertad en menos de 24 horas; mientras las ciudades tapan sus miserias con macetitas en los postes y remodelaciones de lo ya remodelado; mientras hay profesionistas con todos los títulos y sin empleo; mientras el nepotismo mantiene en buenos puestos a un montón de ineptos; mientras las fundaciones y organismos no gubernamentales hacen la chamba que le toca al gobierno; mientras cualquier señalamiento hacia los errores del gobierno es una calumnia, un intento de desprestigio o un complot; mientras circular por la ciudad siga siendo un problema para los discapacitados; mientras hay niños, jóvenes, adultos y ancianos maltratados; mientras los ancianos de ahora viven con raquíticas pensiones y los ancianos del mañana nos infartamos sabiendo que nosotros no tendremos ni eso; mientras pagamos nuestros impuestos puntualmente y no vemos que se apliquen adecuadamente; mientras hay gente que catafixia una despensa que dura una semana por un voto que nos friega la vida a todos por seis largos años; mientras no se recicla la basura, pero sí a los políticos y vemos una y otra vez a las mismas caras gastadas compitiendo por distintos puestos; mientras vemos a nuestros únicos e inigualables candidatos y nos damos cuenta de que acabaremos votando no por el mejor, sino por el menos peor… mientras todo esto ocurre, nos damos el lujo de permitir que los topes de campaña rumbo a las elecciones presidenciales de 2006 sean de 651 millones de pesos. Aplausos para todos, con estas maravillas pronto seremos primermundistas. |
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juventud, pesada cruz en nuestros días si vives en Aguascalientes Javier Arturo Haro Oteo
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Javier Arturo Haro Oteo es militante del PRD y estudiante de la carrera de Derecho en la Universidad Autónoma de Aguascalientes |
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En días pasados, en el marco de una reunión entre colaboradores de este medio electrónico, se daba una discusión al respecto del comercio informal, en dicha reunión también se habló sobre la universidad Autónoma y los problemas por los que atraviesa.
Uno de los problemas principales que veíamos en aquella ocasión es la llamada “elitización” de la universidad, proceso que lleva varios años y que, sin embargo, en los últimos cuatro se ha visto de forma más salvaje, me explico: el aumento a cuotas es cada vez más desproporcionado, cualquier día de estos las cuotas de la Autónoma se podrán comparar con las de cualquier universidad particular; la voracidad del aparato burocrático, o el exceso de deudas, o el exceso de lujos, o ese “algo” que provoca que la universidad requiera más dinero y se haga todo lo posible por obtenerlo, en este sentido, la universidad ha modificado su sistema de créditos, y aunque no estoy muy enterado de los alcances de esta modificación, es claro que los sistemas parecen endurecerse; si a esto le agregamos que en el estado las oportunidades para trabajo a estudiantes no son exactamente favorables, el resultado es una tremenda dificultad para combinar ambas actividades: estudiar y sobrevivir.
Como ejemplo, van los siguientes: K…. solicita asociados y repartidores (¿?), requisitos: mayores de 18 años, secundaria terminada, disponibilidad de horario, luego se suaviza y dice: para trabajar 4, 6 u 8 horas; claro está que el sueldo para 4 o 6 horas no es precisamente decoroso. Otro ejemplo: Restaurante D….. solicita meseros, ambos turnos, 18 a 35 años, no estudiantes. Y para finalizar: Farmacia G….. solicita empleados, diferentes áreas, distintos turnos, ofrece $......., mayores de edad, no estudiantes (datos de la página de clasificados de un periódico de circulación local). ¿Qué desata esto en los estudiantes? Sin duda la necesidad de hacerse de dinero y sólo se ven dos posibilidades:
1.- Obtener dinero de la caridad, es decir, de los padres, de un padrino o de algún mecenas; esta opción, sin embargo, no es muy viable, ya que si el estudiante no cuenta con recursos de parte de sus padres, es por algo — disgusto con ellos, independencia, ausencia por asuntos de logística divina o bien, incapacidad económica de sus progenitores — y ni pensar en padrinos o mecenas con la situación actual del país.
2.- Entrarle al mercado informal y vender chucherías, esta opción parece ser la más recurrente entre los jóvenes que buscan estudiar y no tienen los medios, así vemos un domingo cualquiera en la purísima a R….C…, estudiante de A…, vendiendo monos, películas, postres, playeras y demás artículos de cómic; a O…S…, estudiante de I…..S….C…, vendiendo películas, juegos, consolas, etcétera; a S…S….R…, estudiante de M… A…, vendiendo películas, postres y flores. Ésta es una forma digna de sobrevivir, pero siempre se encuentra la forma de quitarle lo digna y hacerlo al margen de la ley, es el reverso de la moneda, el que vende artículos robados o películas piratas y, claro, la forma más grave, el que no se va al tianguis, el que comercia entre “distinguidos” círculos, en los cuales comercializa no con productos piratas, sino con productos originales que no son precisamente de entretenimiento o culto sino de escape de la realidad, me refiero a las drogas.
Lo lamentable es que la intención, a veces buena, de estudiar se convierta de pronto en un dilema moral sobre los fines y los medios, y después de mucho tiempo, en la mayoría de los casos, el fin termina como una antigua y buena intención y los medios cambian de posición, es decir, siguen siendo medios, pero ahora para otro fin. No quiero con esto justificar actos que comenten algunos estudiantes contrarios a la ley, eso sería ridículo; sin embargo, considero pertinente lanzar la pregunta: si las autoridades universitarias dieran mayores facilidades económicas para cursar una carrera, ¿habría tanto joven metido en el comercio informal o en el mini narco? Si las ofertas de empleo en Aguascalientes fueran más acordes a la vida de diversos jóvenes de la entidad, ¿habría tanto joven metido en el comercio informal o en el mini narco? ¿Existe la voluntad de frenar la elitización de UAA? ¿Existe la intención de que la UAA sea un orgullo nacional en materia educativa o sólo en materia empresarial? Quedan las preguntas en el aire.
Además, opino que los “líderes” estudiantiles de la UAA — cuya legitimidad es muy cuestionable, ya que durante el proceso para ser electos hubo infinidad de irregularidades propias de la política mexicana — deberían de ponerse a trabajar por los alumnos, en vez de andar ofreciendo nuestros votos como si fuéramos miembros de algún sindicato perteneciente a la CTM, toda vez que en días pasados, durante la visita de Felipe Calderón a nuestra entidad, el dirigentillo de la Federación de Estudiantes de la Universidad Autónoma de Aguascalientes, en una acción por demás bochornosa, digna de pena ajena y además contraria a la Legislación Universitaria, prometió a don Felipe el voto del 100% de los estudiantes universitarios; en lo personal, no voy a votar por Felipe Calderón, y se de buena fuente que muchos estudiantes no lo van a hacer, así que esperamos que Calderón reprenda a este jovencito por andar de arrastrado y, sobre todo, por decir tantas payasadas, creo que para decir tonterías, Calderón se basta y sobra lo suficiente como para no necesitar de esas “ayudas”. |
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el gasto no es la solución Omar Loera Solís
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Omar Loera Solís es pasante de Ciencias Políticas y Administración Pública, de la Universidad Autónoma de Aguascalientes, y se asume como responsable. Críticas y/o comentarios: oloera@msn.com
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Hablaré como pasante de política, de un tema que me ha estado llamando la atención en los últimos días, bueno, más bien son dos, aunque van unidos: uno es el gasto público y el otro, el gobierno en los medios de comunicación.
Primero, con motivo del primer informe del C. Presidente Municipal de Jesús María, Aguascalientes, vi un espectacular colgado en el edificio del ayuntamiento que decía: “Se gastó en obra publica, x cantidad” (mas de 40 millones, aunque no recuerdo la cantidad exacta), aclaraba que había sido en un año y además decía: “más que en toda la administración anterior”. Y yo me pregunte: ¿Gasto excesivo, significa soluciones? Y me dije, no, ¡creo que no! Primero, por las formas, ya que se pueden gastar millones en cosas superfluas, o bien, poco en cosas necesarias. Porque en su informe no aclaró que para él gastar en palmas y focos, una cantidad X, ya la anterior administración había gastado quizá menos, pero en drenaje, agua potable, energía eléctrica, salud y escuelas; sin contar que a la anterior administración no le inyectaron los excedentes petroleros de los que dispuso para gasto nuestro actual presidente. Y eso hay que tomarlo en cuenta antes de hablar, o más bien, se debe dejar que sean los ciudadanos quienes digan si el gasto solucionó las necesidades sociales, sin tanto darse el aire de mecenas hacia con nosotros, los plebeyos o proletariados.
Como segundo punto, tengo que decirlo, me asombra cuánto se gasta (a menos que sea gratis) en publicidad televisiva y de espectaculares la Secretaría de Gobernación en promoción de imagen del C. Gobernador Lic. Luis Armando Reynoso Femat. Y la explotación de imágenes infantiles, esto cuando en las colonias pobres no se alcanza ni para cubrir el gasto del recién aumento de tarifas en el transporte urbano. Y encima de todo, rescato un comercial de propaganda, que dice, palabras más, palabras menos, y que espero no sea el gobernador quien lo realizó y autorizó su publicación; me refiero al de que dice: “El gobernador castigará a aquellos funcionarios públicos que interfieran en las campañas electorales para presidente”.
1) Quién les dijo que él está facultado para ello, ya que para ello está el TRIFE, con sus respectivos órganos estatales.
2) Y, en ese caso, si él castiga por eso, que empiece por Rolando, presidente de la FEUAA (Federación de Estudiantes de la Universidad Autónoma de Aguascalientes), pero eso tampoco le compete, ya que eso es función del Rector Urzúa y de los estudiantes (esto por que nuestro flamante representante estudiantil comprometió los votos universitarios al candidato PANista).
En fin, ni gasto excesivo, ni publicidad resuelven los problemas de Aguascalientes, entonces exhorto a la comunidad hidrocálida a cuestionar y cuestionarse lo anterior. |
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carta abierta sobre el transporte público Noé García Gómez
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Noe García Gómez es Licenciado en Ciencias Políticas y Administración Pública por la Universidad Autónoma de Aguascalientes; es Presidente de la Secretaría de Asuntos Juveniles del PRD en Aguascalientes |
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Pensaba utilizar este espacio para escribir un artículo sobre el trasporte público, pero he decidido cederlo y que se publique un documento elaborado por un grupo de jóvenes que luchan por que se revierta el incremento y se mejore la calidad del servicio de transporte público en el Estado de Aguascalientes.
A LA POBLACIÓN DEL ESTADO DE AGUASCALIENTES; A LA OPINIÓN PÚBLICA; A LOS USUARIOS DEL TRANSPORTE PÚBLICO;
Atención ING. LUIS ARMANDO REYNOSO FEMAT, GOBERNADOR CONSTITUCIONAL DEL ESTADO DE AGUASCALIENTES; P R E S E N T E
El aumento a las tarifas del transporte urbano decretado hace unos días y que se publica el decreto hoy y entra en vigor a partir del día de hoy, 17 de enero de 2006, es injusto, ya que mientras el salario mínimo aumento un 4% (1.40 pesos diarios), las tarifas aumentaron 25% (1.00 peso por pasaje). Con esta medida elimina de golpe el pequeño incremento al salario, y afecta sensiblemente la economía familiar.
Debido a ello, el aumento a las tarifas del Transporte Urbano de autobuses de pasajeros es un acto de injusticia para la mayoría de la población del municipio de la capital, especialmente para los jóvenes, estudiantes y sobretodo las familias de escasos recursos económicos.
Este incremento se ha pretendido justificar en un “estudio” que nunca se publicó oficialmente, ni se presentó a la opinión pública, menos a la sociedad en general. Por eso, consideramos este aumento injustificado, ya que sólo incrementa las ganancias de los concesionarios y en nada beneficia a la ciudadanía.
En ciudades de los estados vecinos, las tarifas del transporte urbano son más baratas y con rutas similares. Adicionalmente, en Aguascalientes el elevado costo del trasporte y sus incrementos no han significado mejoras en la calidad ni en la ampliación del servicio.
Lo que sí se puede demostrar: · Con la nueva tarifa, una familia de cuatro integrantes gastara $1,200 pesos mensuales en trasporte, que equivale a casi un salario mínimo. · El servicio es de muy baja calidad y no existe una adecuada planeación en las rutas que lo componen. · Existe un mínimo apoyo a estudiantes y es nulo en el caso de madres solteras, discapacitados, ancianos y en los demás sectores desprotegidos.
Por eso, un conjunto de jóvenes ciudadanos y representantes de diversas instituciones hemos decidido organizarnos para manifestarnos y defendernos en contra de esa medida.
Por tanto demandamos:
1.- Se revierta el incremento de 25% a las tarifas del Transporte Urbano de la Ciudad de Aguascalientes.
2.- El Gobierno del Estado, concretamente el C. Gobernador del Estado, como única autoridad facultada, escuche, conozca y actúe congruentemente con los puntos de vista y las condiciones económicas de la población y los usuarios del servicio.
3.- Se reciba en audiencia a este conjunto de jóvenes ciudadanos y representantes, para externar nuestras razones y puntos de vista y que se evite este nuevo golpe a la economía familiar.
A T E N T A M E N T E
“FRENTE JUVENIL EN FAVOR DE LAS TARIFAS JUSTAS DEL TRASPORTE PÚBLICO”
PD.- Dadas las circunstancias, a lo largo de la lucha se han venido incrementado las demandas, como son las siguientes dos que se agregan y que exigimos se de solución por parte de las autoridades.
4.- Que se realice descuento directo a estudiantes en todos sus niveles.
5.- Que se mejoren las condiciones del trasporte.
Comentario y sugerencias honoerato@hotmail.com Comentarios, sugerencias y adhesiones al frente politica_jovenes@hotmail.com |
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